El oscuro borde de la luz II (fotos y microrrelatos)

14 de abril, que viva la República

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 14 abril, 2010

La voz que lee

 Alguien lee en voz alta. Dibuja una línea de imágenes y memoria con las palabras que salen de su boca, o sea, de su alma. No es una melodía, son rayas sonoras que se ondulan, trazos delgados que vienen de atrás, de una infancia dudosa: ‘Estábamos, señores, en provincias o en la periferia, como dicen, incomprensiblemente desnacidos. Señores escleróticos, ancianas tías lúgubres, guardias municipales y banderas. Los niños con globitos colorados, pantalones azules y viernes sacrosantos de piadoso susurro. Andábamos con nuestros papás’. Hay un punto, el final de una estrofa y la persona que lee se detiene.

Pero al leer también se delata, porque se ve, a simple vista con el oído, qué palabras ama y acaricia y qué otras apenas sí balbucea. Al llegar al punto ha bajado la voz, se ha parado y respira, es la cadencia. Hay un descanso, un alto, como quien alcanza una cima o llega a un remanso, al final de un sendero que luego sigue. ¿De dónde vendrá la palabra cadencia? En las comas, también respira con brevedad, pero las comas no dan para mucho. El punto se parece más a la vida, porque de vez en cuando nos paramos en una plaza y nos sentamos en un banco y decimos, voy a ver cómo discurre este tropel de gente que se agita, corre o, simplemente, pasa. Y vienen los recuerdos y las flacas imágenes que se cuelan por las fisuras que traen las palabras de aquel tiempo gris y herido.

En la vida también llegamos a sitios y descansamos, pero siempre recordamos, porque no hay nadie que carezca de recuerdos, y luego partimos aunque nos duela todo, aunque estemos descalzos pisando el asfalto y no vayamos a ningún sitio. Sabemos de manera incierta, dulcemente, que no vamos a ningún sitio. Sigue la vida, es decir, seguimos leyendo o escuchando la voz que lee, hasta el siguiente punto donde vuelve a descansar: ‘Pasaban trenes cargados de soldados a la guerra. Gritos de excomunión. Escapularios. Enormes moros, asombrosos moros llenos de pantalones y de dientes. Y aquel vertiginoso color del tiovivo y de los vítores’. Pausa, la persona que lee levanta la mirada.

De vez en cuando, la persona que lee levanta la mirada de la letra impresa y se fija en un punto impreciso del recinto en el que lee. Es una antigua iglesia, convertida hoy en sala de exposiciones, presidida por un enorme cartel rectangular que va desde el techo hasta el suelo donde se puede leer, ‘Una mirada al legado educativo de la II República’. No hay nostalgia en su voz. Sí hay nostalgia en su voz, porque ‘el pensamiento es ante todo la nostalgia’. Resuena aquella voz agrandada por la altura de las bóvedas como si fuera a la vez una lectura con altavoces y una lectura silenciosa en la que caen las palabras y entran como el líquido urente de las ortigas por los poros: ‘Estábamos remotos chupando caramelos, con tantas estampillas y retratos y tanto ir y venir y tanta cólera, tanta predicación y tantos muertos y tanta sorda infancia irremediable’. Y ahora hay un silencio prolongado por que es el punto final. Entonces, la persona que lee —todo lo que se lee ha tenido que ser escrito—, se vuelve y dice, simplemente, José Ángel Valente.

Juan Yanes

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Qualsevol nit pot sortir el sol

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 14 abril, 2010

Título de una canción de Jaume Sisa.

 

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Resistir

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 14 abril, 2010

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