El oscuro borde de la luz II (fotos y microrrelatos)

Que ven lavado do mare

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 23 abril, 2010

Hay una estrofa del folclore popular gallego, que dice: “Non te cases con ferreiro,/ que ten moito que lavare;/ casate con mariñeiro/ que ven lavado do mare”… Lo tenían crudo los herreros, un oficio casi demoníaco.

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Pato de invierno

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 22 abril, 2010

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Pato de invierno.- Por encima del agua helada/ el patito se resbalaba./ Por encima del agua dura,/ el patito de la laguna./ Por encima del agua fría,/ el patito silba que silba./ Silba que silba se resbalaba/ y en vez de llorar silbaba. José Ángel Valente

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¿Qué hora son, mi “corasón”?

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 22 abril, 2010

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Las soluciones técnicas son una trampa

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 22 abril, 2010

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Foto de fotos: “Les lampions” de Doisneau

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 21 abril, 2010

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Ya somos todo aquello contra lo que luchamos a los 20 años

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 21 abril, 2010

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Fotografía de C.Y.

“Ya somos todo aquello / contra lo que luchamos a los 20 años”, son unos verso de José Emilio Pacheco, al que estos días le dan el premio Cervantes. Decía ayer, en una entrevista en el País: “No creo haber influido en la historia de la literatura mexicana. En la sociedad, seguro que no, aunque me hubiera gustado escribir un poema que sirviera para parar la violencia. La sensibilidad por la poesía, como por la música, se tiene o no se tiene. Yo conozco a grandes intelectuales que no la tienen, pero cuando fui al festival de poesía se Medellín, en Colombia, me llevaron, primero a un estadio con 12.000 personas y luego, a una escuela secundaria en la que los chicos eran sicarios (deben de estar todos muertos), y tenían una gran sensibilidad poética. ¿Una definición de poesía? No tengo, lo siento. Yo escribo porque me pasa algo. Un epigrama griego dice que la poesía es pintura que habla y la pintura, poesía del silencio. Antes decía yo que todo conspira contra ella, pero la poesía está en el propio lenguaje. Basta pensar en lo que preguntan los niños. Cosas como: ¿A dónde van los días que pasan?” 

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Paseo por el amor y la muerte

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 20 abril, 2010

Castillo de Bunratty, Irlanda

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Por amor al arte

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 20 abril, 2010

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Tierras de pan llevar

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 20 abril, 2010

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Dar la espalda es una falta de urbanidad

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 19 abril, 2010

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La vida es bella, ya verás

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 19 abril, 2010

Palabras para Julia, José Agustín Goytisolo

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Diálogo de los espejos

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 18 abril, 2010

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Diálogo de los espejos.- Dos espejos perplejos se miraban fijamente el uno al otro. No veo nada, dijo uno de los espejos perplejos. Yo tampoco veo nada, sólo te veo a ti y me veo a mí, pero nada más. Debe ocurrir algo raro, repuso el más perplejo de los dos espejos. Es que nosotros, dijo el otro, no estamos hechos para mirarnos, sino para que la realidad se mire en nosotros. Entonces, nosotros ¿no somos la realidad? No, no nosotros somos sólo reflejos de la realidad, azogue, humaredas perdidas, neblinas estampadas, material poético. Y cuando la realidad se mira en nosotros ¿tampoco es la realidad? Tampoco. ¿Existe la realidad o es sólo un reflejo? Nosotros somos la conciencia de la realidad, si no existiéramos, la realidad no tendría conciencia de su propia existencia. Entonces el más perplejo de los espejos concluyó: Eso quiere decir que nuestra vida tiene sentido, ¿no? Sí. ¡Qué alegría me das!, empezaba a tener dudas sobre mi propia identidad. Es complejo, ser espejo. Juan Yanes

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El diapasón del maestro Borguñó

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 18 abril, 2010

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El diapasón del maestro Borguñó.- El maestro Borguñó hacía sonar su diapasón golpeando sobre la arista blanca de mármol de la ventana que estaba junto al piano. ¡Plimmmm! Nuestras almas de escolares minúsculos, se quedaban suspendidas de la vibración misteriosa de aquel instrumento que emitía un sonido limpio, apenas perceptible, que él llamaba “la”, y empezaban a temblar. La nota “la” era famosa entre los escolares, porque era la piedra angular del universo de la música y del canto. Recuerdo que entonces era yo un ser volátil y disperso, pero cuando entraba en la sala de música, sabía que mi vida dependía de la nota “la”, que salía de aquel pequeño y terrible instrumento de metal niquelado. El diapasón del maestro Borguñó era una especie de tenedor de plata con sólo dos dientes largos, largos, que sacaba del bolsillo superior de su chaqueta gris al comienzo de la clase, como si fuera un prestidigitador. Silencio absoluto. Aquel sonido debía atravesar el tímpano y llegar limpio a un punto de la bóveda cerebral. Plimmmm, la, la, la, la, la, la, la, la, la, la, la. Otra vez. Plimmmmm, la, la, la, la, la, la, la, la, la, la, la. Luego, había que mantener el “la”, como un milagro, respirando sin respirar, a punto de entrar en un trance hipnótico. Un “la” eterno, en falsete. Dos octavas, tres octavas, mil octavas por encima de la escala diatónica, cromática, temperada. Un melisma oriental. Teníamos siete u ocho años y nuestra voz era tan cristalina que parecía un purísimo rayo de luz gutural… A mí, las clases del maestro Borguñó, me daban miedo, porque era como andar descalzo por el filo de un precipicio. Temía que, en algún momento, ese soplo primigenio impostado sobre el ápice de una aguja de aire, que era mi voz, se desvaneciera o se desviara levemente de la nota “la” y me precipitara en el abismo.  A los lugares más profundos del abismo iban a parar los niños que desafinaban, el maestro Borguñó los estigmatizaba por lo siglos de los siglos con la etiqueta que llevarían clavada en la frente el resto de sus días: “no tiene oído”. Juan Yanes

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Disparar cada cinco segundos

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 17 abril, 2010

Dublín, O’Connell Street

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Que no venga la mora con diente verde

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 17 abril, 2010

Nana de la mora, es un poema de José Agustín Goytisolo, al que Paco Ibáñez le pueso música. Escúchalo, si quieres. En la foto, el Puente de San Martín sobre el Río Tajo en Toledo

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Instrucciones para subir una escalera

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 17 abril, 2010

Sigue las inevitables e imprescindibles instuciones de Julio Cortázar, si no quieres darte un batacazo

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Donde va la gente

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 17 abril, 2010

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Decidme cómo es un árbol

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 17 abril, 2010

Verso de un poema que da título a un libro de Marcos Ana. Represaliado del franquismo, pasó 22 años en la carcel

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Agua o piel

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 17 abril, 2010

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Si Garcilaso volviera, yo sería su escudero

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 15 abril, 2010

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Si Garcilaso volviera,/ yo sería su escudero;/ que buen caballero era./ Mi traje de marinero/ se trocaría en guerrera/ ante el brillar de su acero;/ que buen caballero era./ ¡Qué dulce oírle, guerrero,/ al borde de su estribera!/ En la mano, mi sombrero;/ que buen caballero era. Rafael Alberti

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La flauta vertebral

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 15 abril, 2010

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La flauta vertebral, es un libro de poemas de Vladimir Maiakovski

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Hijos de drago

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 15 abril, 2010

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Hambre

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 15 abril, 2010

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Agujas para enhebrar el desencanto

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 15 abril, 2010

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14 de abril, que viva la República

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 14 abril, 2010

La voz que lee

 Alguien lee en voz alta. Dibuja una línea de imágenes y memoria con las palabras que salen de su boca, o sea, de su alma. No es una melodía, son rayas sonoras que se ondulan, trazos delgados que vienen de atrás, de una infancia dudosa: ‘Estábamos, señores, en provincias o en la periferia, como dicen, incomprensiblemente desnacidos. Señores escleróticos, ancianas tías lúgubres, guardias municipales y banderas. Los niños con globitos colorados, pantalones azules y viernes sacrosantos de piadoso susurro. Andábamos con nuestros papás’. Hay un punto, el final de una estrofa y la persona que lee se detiene.

Pero al leer también se delata, porque se ve, a simple vista con el oído, qué palabras ama y acaricia y qué otras apenas sí balbucea. Al llegar al punto ha bajado la voz, se ha parado y respira, es la cadencia. Hay un descanso, un alto, como quien alcanza una cima o llega a un remanso, al final de un sendero que luego sigue. ¿De dónde vendrá la palabra cadencia? En las comas, también respira con brevedad, pero las comas no dan para mucho. El punto se parece más a la vida, porque de vez en cuando nos paramos en una plaza y nos sentamos en un banco y decimos, voy a ver cómo discurre este tropel de gente que se agita, corre o, simplemente, pasa. Y vienen los recuerdos y las flacas imágenes que se cuelan por las fisuras que traen las palabras de aquel tiempo gris y herido.

En la vida también llegamos a sitios y descansamos, pero siempre recordamos, porque no hay nadie que carezca de recuerdos, y luego partimos aunque nos duela todo, aunque estemos descalzos pisando el asfalto y no vayamos a ningún sitio. Sabemos de manera incierta, dulcemente, que no vamos a ningún sitio. Sigue la vida, es decir, seguimos leyendo o escuchando la voz que lee, hasta el siguiente punto donde vuelve a descansar: ‘Pasaban trenes cargados de soldados a la guerra. Gritos de excomunión. Escapularios. Enormes moros, asombrosos moros llenos de pantalones y de dientes. Y aquel vertiginoso color del tiovivo y de los vítores’. Pausa, la persona que lee levanta la mirada.

De vez en cuando, la persona que lee levanta la mirada de la letra impresa y se fija en un punto impreciso del recinto en el que lee. Es una antigua iglesia, convertida hoy en sala de exposiciones, presidida por un enorme cartel rectangular que va desde el techo hasta el suelo donde se puede leer, ‘Una mirada al legado educativo de la II República’. No hay nostalgia en su voz. Sí hay nostalgia en su voz, porque ‘el pensamiento es ante todo la nostalgia’. Resuena aquella voz agrandada por la altura de las bóvedas como si fuera a la vez una lectura con altavoces y una lectura silenciosa en la que caen las palabras y entran como el líquido urente de las ortigas por los poros: ‘Estábamos remotos chupando caramelos, con tantas estampillas y retratos y tanto ir y venir y tanta cólera, tanta predicación y tantos muertos y tanta sorda infancia irremediable’. Y ahora hay un silencio prolongado por que es el punto final. Entonces, la persona que lee —todo lo que se lee ha tenido que ser escrito—, se vuelve y dice, simplemente, José Ángel Valente.

Juan Yanes

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Qualsevol nit pot sortir el sol

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 14 abril, 2010

Título de una canción de Jaume Sisa.

 

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Resistir

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 14 abril, 2010

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El paisaje como desposesión

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 13 abril, 2010

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La desposesión del paisaje.- En el Romanticismo, el paisaje se hace trágico porque reconoce la escisión entre la Naturaleza y el hombre. Frente al jardín rococó, mesurado y pastoril, las proporciones se dilatan a través de un vértigo asimétrico. Frente al escenario limitado  y tranquilizador, los horizontes se abren hacia el Todo y hacia la Nada con la abrupta alternativa de una sinfonía heroica. En el paisaje romántico, el artista celebra titánicamente la ceremonia de la desposesión. Rafaél Argullol, fragmento tomado de La atracción del abismo. Un itinerario por el paisaje romántico

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Encausar al franquismo

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 13 abril, 2010

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Encausar al franquismo.- De aquellas lluvias vienen estos lodos. Parece que la Inmaculada Transición, tan inodora, tan incolora, tan insípida y tan celebrada, no lo fue tanto. Fue incapaz de depurar las responsabilidades de la Dictadura, de “disolver” como entonces se decía los cuerpos represivos, de separar del ministerio público y de las instituciones del Estado tanta basura procedente de las cloacas del fascismo, de instaurar un régimen verdaderamente democrático. Desde la izquierda se decretó el olvido y la reconciliación y la derecha se frotó las manos. Así que ahora emplumarán al único juez que ha tenido el coraje democrático de encausar los crímenes del franquismo y todos se rasgarán las vestiduras mientras siguen alimentando esta pálida democracia de opereta. Juan Yanes

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Florecer, literalmente

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 13 abril, 2010

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