El oscuro borde de la luz II (fotos y microrrelatos)

Lecciones de geografía imaginaria

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 5 junio, 2010

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Lecciones de geografía imaginaria

Sonrió —siempre sonreía— y, de improviso, empezó a recitar los veintiséis cantones de Suiza como si hablara una lengua misteriosa:
—¿Cómo es que no te sabes los cantones de Suiza? A ver, repite conmigo: Aargau, Appenzell-Ausserrhoden, Appenzell-Innerrhoden, Basilea, Basilea-Land, Berna, Friburgo, Ginebra, Glarus, Grischun, Jura, Lucerna, Neuchatel, Nidwalden, Obwalden, San-Gallo, Schaffhausen, Schwyz, Solothurn, Thurgau, Ticino, Uri, Valais-Wallis, Vaud, Zug y Zurigo.
Miró para el auditorio, que en ese momento estaba formado exclusivamente por mí, esperando algún tipo de reconocimiento. Llevaba setenta y cinco años repitiendo esa retahíla, como algo especial para ocasiones especiales.
—Tienes una memoria excepcional —le dije, y ella se quedó razonablemente satisfecha. Luego permaneció un instante suspendida en una nebulosa de recuerdos geográficos, al término del cual añadió.
—El Miño, nace en Fuete Miña, provincia de Lugo. Pasa por Lugo, Orense y Tuy. Desemboca en La Guardia entre España y Portugal. Su principal afluente es el Sil.
—Hoy toca geografía ¿eh? ¿Y el Ebro? ¿Qué me dices del Ebro? —inquirí yo de forma un tanto mecánica.
—¡Ah, el Ebro, el Ebro! El Ebro es un río que me gusta mucho porque pasa por un buen montón de sitios, ¿sabes? Veamos, el Ebro nace un Fontibre, a cinco kilómetros de Reinosa en la provincia de Santander —recita con un inusitado entusiasmo, como si fuera el primer día de la creación de los ríos y las ciudades—, y pasa por Miranda, Haro, Logroño, Calahorra, Alfaro, Tudela, Mequinenza, Mora y Tortosa. Desagua en… ¿en qué mar desagua?
—En el Mediterráneo, creo.
—¡Claro, claro! —continuó un tanto desconcertada por el pequeño fallo de colegiala memoriona— desagua en el Mediterráneo, formando el Delta de los Alfaques —y cuando nombra la palabra “delta”, hace un gesto extendiendo la mano derecha y abriendo los tres dedos centrales, como para subrayar el hecho de que un delta fluvial tiene forma de triángulo.
—¿Y eso para qué te ha servido en la vida? —pregunté, convencido de que ella nunca había visto el río Ebro, ni había estado en Mequinenza, ni en Haro, ni en Tudela… ni, por supuesto, en Friburgo, ni en Ginebra, ni en ningún cantón suizo del mundo.
—Para nada —respondió con aplomo, y añadió—, bueno sí… todo sirve — y se volvió a quedar suspendida de alguna otra geografía imaginada. Sonrió nuevamente, siempre sonreía.

Juan Yanes

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