El oscuro borde de la luz II (fotos y microrrelatos)

El vértigo de las imágenes

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 11 junio, 2010

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El vértigo de las imágenes.- Ve imágenes que pasan rápidamente y recuerda. Ve a unos niños descalzos salir de entre la niebla cerca de Pancorbo. Recuerda el sabor a tierra amasada con los dedos. El sonido de la ocarina. Las gitanas del Sacromonte y la Cuesta del Chapí. Ve al abuelo enloquecido persiguiéndolo por la casa para matarlo. Los pantalones cortos con tirantes. Las portentosas figuras de hierro del Chillida. Los dedos buscando el bulbo de las papas. El golpe certero en la nuca de los conejos y el hilillo de sangre que bajaba por la nariz. Olor a pan recién horneado de la panadería de Pedro Patita. El sonido del mazo contra las cuñas que parten la madera de olivo en el Mirador de Rolando. El llanto de su hija, la belleza de sus ojos. Los majestuosos robles del Valle del Lozoya por donde paseaba Antonio Machado. La imagen del tío Guarapo vendiendo dátiles en una lata por la ciudad. El mar de nata, las olas gigantescas y él, tiritando envuelto en una toalla blanca. Los campos de girasoles de Andalucía. Toda la noche bailando en el teatrillo de la mina de la Camocha. El silbido penetrante del padre de los Rubenes, que los llamaba como si fueran perros. Las manos artríticas de Ingemar pintando y su barba roja. La areola negra de los pechos de su madre cuando daba de mamar. El Confiteor Deo omnipotenti. El olor a tierra caliente, recién abierta, atravesada de infinitas galerías de lombrices. La mirada hosca del hombre del carro de la basura, pegándole sin piedad a las mulas. La cara de su amigo José Manuel, después de 30 años. Los monos enjaulados del parque García Sanabria, tocándose los genitales. El gofio con leche caliente que tomaba por las mañanas. Julito desmayándose 17 veces en comisaría, con el riñón partido por los golpes de la social. El primer beso que le dio a la Kollontay. La sensación del limo entre los dedos de los pies en los remansos del Guadarrama. La bisabuela con su atillo de ropa y su escupidera de peltre andando por la calle. El Valle del Jerte cubierto de cerezos en flor. El corazón dislocado de una liebre cazada a manos en el monte de Batres. El estiércol esparcido con el bieldo de dientes de hierro, como un tridente infernal. Los homúnculos de Manolo Millares. La gente con maletas de madera atadas con una liña. La montaña donde subían él y Fernando a tirar la cometa. Los tentáculos de la noche moviendo las cortinas. La mujer que ama, sus ojos verdeazulados, su jadeo, su cintura. Cientos de gaviotas chillando enloquecidas en el muelle de Malpica. Eso es lo que recuerda, eso es lo que ve pasar en un instante. Juan Yanes

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La exagerada perfección de los cactus

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 11 junio, 2010

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Cuídate los dedos, Sam

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 11 junio, 2010

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