El oscuro borde de la luz II (fotos y microrrelatos)

Sumidero

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 12 octubre, 2010

 juan yanes

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Sumidero

Escrito está. Tu nombre está ya listo,/ temblando en un papel. Blas de Otero

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Vinieron los de la Brigada Político-Social a preguntar si vivías aquí, pero ya te habían roto los pulmones hasta morir. Vinieron los de la DINA a buscar tus huellas, pero ya te habían cortado las manos. Vinieron los de la PIDE a mirar entre tus papeles, pero ya te habían tirado por la ventana. Vinieron los de la Gestapo a husmear por las rendijas, pero ya te habían metido en un horno crematorio. Vinieron los de la ESTASI con un fleje de fotos, pero ya te habían sacado los ojos. Vinieron los de la CIA con una lista de nombres, pero ya estabas en la fosa común. Vinieron los del Servicio de la Seguridad del Estado a llevarse tu ropa, pero ya te habían puesto frente el paredón. Vinieron los de la KGB a registrarlo todo, pero ya te habías desangrado en los sótanos de las comisarías. Vinieron los del Servicio de Inteligencia Militar a interrogarte, pero ya te habían dado el tiro de gracia. Vinieron los de La Triple A y los de la Operación Cóndor y los de la Caza de Brujas y los de las Cárceles Secretas y los Guantánamos y los de las Brigadas del Amanecer, pero no se pudieron llevar nada porque no tienes nada, ni manos, ni papeles, ni ojos, ni has vivido nunca aquí. Nadie te ha visto, ni tu vecino, ni tu padre, ni tu madre, ni tu hermano, ni tu mujer, ni tu hijo. No se pudieron llevar nada porque no existes, ni nunca has existido, ni tienes nombre, ni rostro, ni voz. Te fuiste por el agujerito del sumidero y lo único que tienes son un montón de muertes arrimadas encima.

Juan Yanes

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La noria

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 12 octubre, 2010

JUAN YANES

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La noria.- La vida era para él un espejo deformado que le devolvía una imagen depauperada y miserable de sí mismo. Le forzaba a dejar de quererse y, poco a poco, comenzaba a sentir una especie de desprecio infinito hacia su persona. Pero todo cambiaba cuando subía a la noria. Desde lo alto de la noria sólo se veían hormigas y el mundo se trasmutaba en un gran hormiguero. Es así que en virtud de esta notable distorsión de la realidad, la noria se convertía en una especie de máquina benevolente, de máquina terapéutica, que le producía, de forma casi instantánea, un aumento de la autoestima. Cuando volvía a poner los pies en la tierra, le daba igual que los demás lo ignoraran o lo despreciaran, sabía que estaba tratando con hormigas. Juan Yanes

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Orden, caos, miedo

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 12 octubre, 2010

JUAN YANES

JUAN YANES

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