El oscuro borde de la luz II (fotos y microrrelatos)

La mujer del pelo azul

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 17 octubre, 2010

JUAN YANES

JUAN YANES

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La mujer del pelo azul.- Trepé por la columna, hasta llegar a la cornisa del piso superior. Aquel piso estaba lleno de pasillos alabeados, ondulaciones y aristas. Entonces vi el perfil azul de su pelo que se desvanecía casi cuando mis manos estaban a punto de tocarlo. Corrí por el pasillo tras su silueta evitando los canalillos de agua que lo atravesaban. Volví a subir otra planta, pero sólo pude ver su costado como una sombra en fuga. Me dio la impresión de estar en la misma planta de donde venía, como si al subir volviera al mismo sitio, pero seguí corriendo cegado por el deseo. Aquella figura no era una ilusión óptica, sino un ser huidizo que se disipaba. Tenía que encontrar a aquella mujer, verla, tocar su rostro, escuchar su voz. A medida que avanzaba, me pareció estar perdido en algún sitio que no tenía dentro ni fuera sino que era una superficie parecida a un bucle. No volví a ver la imagen elusiva de aquella mujer, sino pasillos de arcadas que discurrían sobre un sólo lado. Entonces me di cuenta que aquella arquitectura imposible y recurrente, que se cerraba sobre sí misma, sólo cabía en la cabeza de Escher, que estaba allí sentado dibujando un lazo mental sobre la cinta de Moebius, venteando con su enorme nariz y escrutándolo todo con sus ojos grises de gato. Quise preguntarle por la mujer del pelo azul, pero vi cómo escondía, discretamente, debajo de la mesa, una peluca de color añil. Preferí marcharme de aquel lugar dando un portazo. Juan Yanes

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JUAN YANES

JUAN YANES

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Mairena apócrifo

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 17 octubre, 2010

JUAN YANES

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Mairena apócrifo.- En ocasiones Mairena utilizaba, en las clase de sofística, el humor o algún que otro sofisma menor. «¡A ver joven! ¿En qué cree usted que piensa el camarón que está sobre la mesa?», dijo dirigiéndose a uno de sus discípulos, que ya empezaba a dar sopa con hondas: «Está claro, maestro, el camarón piensa en la inmortalidad del cangrejo». A lo que Mairena replicó con un aplauso, exceso en el que incurría en muy contadas ocasiones. Juan Yanes

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