El oscuro borde de la luz II (fotos y microrrelatos)

Veranar

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 5 diciembre, 2010

JUAN YANES

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Veranar donde un agua clara con sonido

Corrientes aguas, puras, cristalinas,/ árboles que os estáis mirando en ellas,/
verde prado, de fresca sombra lleno,/ aves que aquí sembráis vuestras querellas.
Garcilaso de la Vega
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Aquellos chopos de la rivera del Guadarrama… árboles de la memoria. Cuando el calor era sofocante íbamos al río y buscábamos las charcas de la orilla, entre los cañaverales, y hundíamos los pies en el limo. Yo sentía aquel frescor insólito derretirse entre los dedos como si pisara una inmensa tarta de chocolate y pistacho, y observaba cualquier movimiento a través de la superficie del agua, también de color verde, y las burbujas subiendo desde el fondo a la superficie como si el barro respirara porque estaba vivo y el movimiento de las innumerables hojas de los chopos sobre nuestras cabezas como cortinas trémulas que filtraban el sol. Recuerdo el ruido ensordecedor de las cigarras que hacía más sofocante el calor de los veranos de entonces.

Decían de ahogados en las riadas del invierno y de espíritus que vagaban por el Monte de Batres, porque las almas —seguían diciendo—, eran acuáticas y nemorosas y entre ellas paseaba errática la sombra enamorada y fugaz de Garcilaso. El aire estaba quieto y sólo se movía la luz entre los árboles y todo aquel mundo era un rumor resplandeciente y cegador que nos impedía mirar al cielo, menos en la gruta arbórea que formaban las choperas. Siempre estaban los tábanos zumbando y los incansables caballitos del diablo inventando acrobacias imposibles, pero nosotros nos olvidábamos de la vida y nos dejábamos hundir en el limo hasta la rodilla persiguiendo culebras de agua con las manos en los escondrijos del remanso y debajo de las piedras.

Tengo miedo de volver y no encontrar ese río ni aquellos pueblos que recorríamos a pie: Casarevuelos, Serranillos del Valle, Griñón, Humanes, Los Álamos, Cubas, Carranque y al fondo, ya muy lejos, Navalcarnero. “Allí mi corazón tuvo su nido un tiempo ya, mas no sé, triste, agora o si estará ocupado o desparcido”.

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JUAN YANES

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