El oscuro borde de la luz II (fotos y microrrelatos)

La discontinuidad de los cielos

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 16 diciembre, 2010

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La discontinuidad de los cielos.- Antes el cielo no era así. Recuerdo que el cielo era un caos formidable regido por el capricho de los dioses, incomprensible para nosotros que soportábamos, aterrados, su furia. Después nos fuimos dando cuenta de que el cielo existía al margen de la frivolidad de esas criaturas y al margen de nuestros sentimientos y nuestra voluntad. El cielo le dio la espalda a los mitos y a las cosmogonías, al Génesis, a la Epopeya de Gilgamés. El cielo era una espacio incomprensible, infinito, pero objetivo. Hubo algunos que fueron más lejos y que afirmaron la posibilidad de que pudiéramos conocer su funcionamiento que no se regía por caprichos, ni por fabulaciones, ni funcionaba de manera caótica. El cielo era una máquina y descubrieron la gran palabra, LEY, el cielo se regía por leyes. Descubrieron la existencia de causas que producen determinados efectos, descubrieron el principio de causalidad, las regularidades y la posibilidad de predecir los fenómenos. A esas alturas el cielo había dejado de ser una bóveda metálica de la que colgaban los astros y la tierra había dejado de ser el centro del universo. Cundió un gran optimismo y todos pensaron en la ilimitada capacidad de la razón. Mientras, Dios, el nuestro, el de toda la vida, el verdadero, empezaba a dejar de ser el tapa agujeros de la ignorancia humana y la medida de todas las cosas. El tiempo y el espacio comenzaban su andadura y se trasmutaban en tiempo y espacio absolutos. El tiempo era el mismo tiempo de hace millones de años. El espacio era también homogéneo, porque las leyes de la naturaleza se cumplían en cualquier sitio del universo. El cielo, el espacio absoluto, idéntico e inmóvil como el tiempo que fluye sin relación a nada, ni a la materia, no al movimiento. Todo esto era así hasta que nos dimos cuenta de que alguien había atravesado el jardín, entrado en la habitación donde estábamos y asesinado a Newton, que yacía exangüe a nuestros pies con los ojos abiertos mirando el universo que él había construido y que empezaba a derrumbarse. Juan Yanes.

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