El oscuro borde de la luz II (fotos y microrrelatos)

Te arrimaste allí

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 2 enero, 2011

juan yanes

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Te arrimaste allí.- Te fuiste a morir a un zaguán sin luz, para que no te vieran morir en la calle. Buscaste aquella sombra como los animales cuando sienten la proximidad de muerte. Estabas sola. Nadie oyó que dijeras nada. No pediste auxilio. Nada. No dijiste nada, sino que te arrimaste allí. Nunca decías nada. Tu vida es como un paréntesis vacío. Nadie sabe qué es lo que pensabas de la vida, si alguna vez te recorrió el cuerpo alguna pasión, si alguna vez gritaste, lloraste de rabia, huiste de todo. No, parece que no tenías cuerpo, ni voz, ni lágrimas. Nunca ocurrió nada que se saliera de la más absoluta normalidad. Lo sacrificaste todo para que no se notara que vivías. Para hacer como si estuvieras ausente. Para no molestar. Te encontraron arrimada a las sombras, en el suelo, una tarjeta de identidad metida en el bolso, un teléfono. Juan Yanes

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6 comentarios

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  1. Luis said, on 2 enero, 2011 at 10:25

    ¿Qué estrella cae sin que nadie la mire?
    William Faulkner

    Menos mal que te tenemos a ti, Juan, siempre atento a lo que importa.
    Por mi parte, nunca te lo agradeceré lo suficiente.
    Un abrazo.

    Luis

    • juan yanes said, on 2 enero, 2011 at 19:40

      Gracias Luis, me siento abrumado. Qué cita tan linda de Faulkner. Un abrazo fuerte. JUAN

  2. Gemma said, on 2 enero, 2011 at 16:58

    Morir con tal cuidado debe de ser lo más difícil.
    Un abrazo

  3. juan yanes said, on 2 enero, 2011 at 19:51

    Hola Gemma, ¿sobrevives a los carámbanos teutones? Ese invierno deber ser terrible, yo terminaría alcohólico perdido, porque estaría todo el día soplando aguardiente… Lo de morir así , me dices. Es un caso real, como casi todo lo que escribimos, de alguien que yo conocía mucho. Morir se ha convertido en algo obsceno y entonces nos meten en hospitales y todo eso y no nos ve nadie, sino cuando estamos ya arregladitos en la caja… En fin, la muerte siempre es el gran tema. Cuídate. Un abrazo, JUAN

  4. poemas de ruben said, on 2 enero, 2011 at 20:27

    Mi mujer conoce bien la muerte en las residencias de ancianos. Su mano es la más demandada mientras el familiar de turno acaba sus asuntos.

    • Juan Yanes said, on 4 enero, 2011 at 0:30

      Qué increíble experiencia la de tu mujer, Rubén. La necesidad de no sentirse solo en ese momento, de tener una mano. Un abrazo y gracias por tu comentario, JUAN


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