El oscuro borde de la luz II (fotos y microrrelatos)

De cuando Dios leyó “El Espíritu de las Leyes” de Montesquieu

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 17 enero, 2011

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De cuando Dios leyó El Espíritu de las Leyes de Montesquieu

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……….Dios leyó El Espíritu de las Leyes del barón Charles Louis de Montesquieu y quedó tan profundamente conmovido en su interior —no sabemos, en realidad, si Dios tiene interior, hablamos metafóricamente y, por analogía, pensamos que los dioses tienen, como nosotros, interior y exterior, pero es una hipótesis sin la menor consistencia—, así que después de la lectura de Montesquieu decidió democratizar el cielo. Decidió cambiar su manera de ver la realidad sobrenatural, cambiar la estructura del más allá, en fin, el cielo, el infierno, el purgatorio, el limbo… Como Dios era Dios, tenía muchas ideas. En realidad, Dios tenía todas las ideas. Él  mismo era una idea.

……….La idea de cómo democratizar el cielo, quiso discutirla con gente entendida en la materia, así que llamó a un grupo de expertos en derecho constitucional y se la expuso. Su idea consistía, básicamente, en formar una especie de parlamento donde los habitantes del cielo fueran el partido en el poder que apoyaría al gobierno; los condenados del infierno serían la oposición y la minoría del purgatorio, formaría parte del grupo mixto. Las almas que estaban en el limbo quedaban constituidas, a perpetuidad, como cámara alto o senado. Sobre el senado tenía dudas, no sólo en cuento a su composición sino en cuanto a sus funciones, pero ¿qué senado que se precie no tiene problemas de identidad? A lo mejor no ponía senado y los del limbo los entronizaba como miembros de derecho del Consejo de Estado. Él, se reservaba a Jefatura del Estado, de carácter meramente representativo; a Jesucristo lo nombraba jefe del gobierno y al Espíritu Santo —siempre era un problema el Espiritu Santo, dada su peculiar personalidad—, le asignaría un puesto en consonancia con sus obsesiones personales, algo así como director global de reproducción asistida mundial. Introducía también un consejo de notables, presidido por los doce apóstoles, como consejo general del poder judicial, independiente del parlamento y del poder ejecutivo.

……….Después entró en detalles absolutamente secundarios e irrelevantes, por ejemplo, que sería conveniente que el tribunal de cuentas estuviera presidido por Judas Iscariote; que se le otorgara la custodia del brazo incorrupto de Santa Teresa de Jesús y las reliquias del Santo Prepucio; que le gustaría inaugurar el curso parlamentario como la Reina de Inglaterra, con un discurso y entrar en el parlamento bajo palio (aludió sin concretar a numerosos antecedentes) y cosas por el estilo. Cuando terminó la exposición estaba tan cansado que les propuso a los presentes que volvieran dentro de dos días. Tenía que descansar.

………. Y así fue. A los dos días, el grupo de expertos en derecho constitucional, que había escucha con circunspección la propuesta de Dios, nombraron a un portavoz que hablo muy pausadamente y con mucha unción y prosopopeya y, que en resumidas cuentas —no es éste el momento ni el lugar de reproducir los 68 folios de respuesta colectiva de los constitucionalistas— le dijo lo siguiente: Que habían estudiado pormenorizadamente la propuesta de democratización celestial hecha por su —ahí los expertos tuvieron sus dudas sobre cuál era el tratamiento protocolario que se debe dar a los dioses— Excelentísima, Ilustrísima, Eminencia, Su Gracia, Su Beatitud, Reverendísimo Señor (sobre este extremo también se armaron otro pequeño lío: ¿Dios era un señor, una persona, un caballero? En fin, cuestiones puramente terminológica pero que dan una idea de las dificultades supra escatológicas de hacer un informe sobre las cosas divinas). El informe seguía así: Que sobre la propuesta de democratización, no ponían el grito en el cielo porque como estaban ya en él, hubiera sido una contradictio in terminis, pero que, con el debido respeto, la propuesta divina era un chapuza; Que, también con el debido respeto, había hecho una lectura sesgada del libro del barón de Montesquieu;  Que, sintiéndolo mucho, la propuesta no democratizaba, el cielo, sino que mantenía la misma estructura autoritaria y piramidal, etc, etc, etc; Que en definitiva, o convocaba elecciones libres para nombrar un parlamento constituyente o mejor, que se olvidara de todo y continuara siendo lo que siempre había sido: un autócrata con apariencia más o menos benevolente. Y concluía con un genérico, “Todo sea dicho con el debido respeto”.

Juan Yanes

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