El oscuro borde de la luz II (fotos y microrrelatos)

Paseo por las nubes

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 7 enero, 2011

juan yanes

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Paseo por las nubes.- Desde que militarizaron el espacio aéreo,  amor mío, no vale la pena pasearse por el cielo.  J.Y.

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Leer el mundo (microensayo contra la ciencia establecida)

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 6 enero, 2011

 

juan yanes

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Leer el mundo

(microensayo contra la ciencia establecida)

Encontré un artículo de un amigo matemático al que quiero mucho y empecé a leerlo. El artículo se llamaba “Teoría del punto fijo”, pero cuando llegué al tercer párrafo no puede seguir. El tercer párrafo decía: «Heins Hopf probo que en la clase de homotopía de f:X→X, X un poliedro finito y convexo, existe una aplicación con un número finito de puntos fijos aislados, cada uno de ellos situado en el interior de un símplice maximal. A cada uno de estos puntos fijos le asocia un entero denominado el índice del punto fijo en cuestión y prueba que la suma de estos índices es igual al número de Lefschetz L (f)». Me sentí muy mal. ¿Se estaba burlando mi amigo de mí? Eso es ridículo, mi amigo ni siquiera sospecha que yo he intentado leer su artículo. ¡Pero si yo era un lector incombustible de Paradiso, y mal que bien, podía deglutir a Gilles Deleuze! ¿Cómo no iba a poder leer un articulito que tenía, a penas, cuatro página? Pues no, no lo podía leer. Era como chocar contra un muro, como clavarme las púas de un cactus en los ojos, como entrar en un mundo erizado, en un mundo filoso, puntiagudo, inhóspito, incomprensible. Las ciencias físico-naturales están matematizadas. Las matemáticas, como es obvio, también. Además, el estatus científico de las ciencias implica la creación de un metalenguaje. Los metalenguajes sirven para reducir la ambigüedad y la polisemia del lenguaje ordinario. Estos dos procesos unidos no han hecho más que crecer, en profundidad y extensión, de manera gigantesca y a una velocidad endiablada desde el siglo XVIII hasta hoy. Los matemáticos escriben para los matemáticos y los científicos para los científicos. El resto de la humanidad, simplemente no existe. De forma tal que millones y millones de personas no tenemos acceso a ese conocimiento, precisamente por el grado de formalización e hiperespecialización al que ha llegado. Pero las ciencias son un producto humano. No están hechas por los dioses. Es la sociedad la que paga a los científicos, pero no entiende lo que hacen. Y sin embargo, las ciencias pretenden desentrañar el funcionamiento del mundo y de la vida. En realidad las ciencias tienen estructura narrativa, cuentan cómo es algo, cómo es el mundo, los objetos, los fenómenos visibles e invisibles, los mundos infinitamente pequeños e infinitamente grandes, próximos y lejanos… La ciencias cuentan eso de una manera tan rara que nadie puede entenderlas ya. No se trata de que haya más y mejor “divulgación científica”. No se trata de que podamos comer papilla científica, se trata de que podamos comer ciencia, se trata del derecho al acceso al conocimiento científico. A la ciencia le queda por recorrer un enorme camino para que llegue a contar las cosas a las personas normales y corrientes de forma comprensible. Yo tengo el derecho de poder leer el artículo de mi amigo el matemático, tenemos el derecho a poder leer y comprender el mundo que la ciencia investiga. Estamos en la prehistoria de este proceso.

Juan Yanes

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Las ciudades llenas de paredes, las paredes llenas de escultura y murales

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 6 enero, 2011

JUAN YANES

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Las ciudades

 Las ciudades llenas de paredes. Las paredes llenas de escultura y murales. Las esculturas y los murales llenos de ojos. Los ojos llenos de miradas. Las miradas llenas de belleza. La belleza llena de personas. Las personas llenas de ciudades. Llenas de paredes, llenas de esculturas, llenas de murales, llenas de ojos, llenas de miradas, llenas  de belleza, de personas.

Juan Yanes

 

juan yanes

Esta escultura, cuyo autor o autora desconozco, está junto al Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona en pleno barrio del Rabal

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Poética, catre de tijera y escritura

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 5 enero, 2011

juan yanes

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Poética, catre de tijera y escritura

 He notado claramente que tengo una opinión acostado y otra parado.
Lichtenberg


Los días que me levanto por la derecha escribo cosas, más o menos fantásticas que se me echan a volar antes de que pueda atraparlas y van por el aire tan campantes a subirse a los tejados de Marc Chagall a tocar el violín y a coger rosas blancas que tan narrativamente pintara el ruso con las raíces en el cielo. También se me van con sus pájaros y sus cabras ingrávidas a bailar, porque la vida es una fiesta. Ese día quiero un montón a mis papás: a don Jorge Luís, a don Julio, a don Alejo, a don Gabo y quiero, quiero mucho, a don Pedro Páramo que escribió ese libro único que se llama Juan Rulfo.

Si por el contrario me levanto por la izquierda, me asomo a la ventana y veo a la gente andando en todas las direcciones, cosa que ocurre frecuentemente en las ciudades, elijo a una al azar y la sigo y me imagino su vida. También me pongo a juntarlas a todas y a separarlas, formando masas que corren en distintas direcciones hasta que encuentran un hueco en las multitudes que se concentran o dispersan en las telas de Juan Genovés, como las limaduras de hierro movidas por un imán. Mejor, cojo un trozo de esa secuencia e intento contarlo. Ese día quiero un montón a mis bisabuelos rusos y a don Benito Pérez porque ellos eran capaces de contar secuencias desmesuradas y quiero mucho a don Antón que era minimalista auténtico, pero que contaba la vida.

Si me levanto por los pies del catre de tijera en el que duermo… ¡bueno, bueno, bueno, el día que me levanto por los pies! Ese día pinto las palabras como Tapies y me dedico a jugar como Queneau y tengo un subidón de racionalismo abstracto que mezclo, irresponsablemente, con generosos ramalazos de expresionismo y me siento inteligente y heterodoxo y discípulo de Gropius y, simultáneamente, heredero del barroco más recargado del mundo, un enfant terrible. Ese día quiero mucho a mi hermano Perec y me leo por enésima vez las Seis propuestas para el próximo milenio de Calvino y me vuelvo un varón rampante y demediado que odia todo tipo de psicologismo.

Pero si me quedo acostado y miro para el techo, sólo veo en las manchas de humedad que le dan vida, extraordinarias masas musculares de obreros que no descansan ni un minuto. Todo se llena de abnegados currantes y de proletas exagerados del realismo socialista de ambos sexos. Veo a don José Vassariónovic impartiendo instrucciones sobre el proletcult y otros asesinatos. Ese día quiero salvar el mundo, pero como ya no hay proletas en sentido estricto, escribo o pienso sobre las distintas especies de lumpen que viven en los albañales de este planeta cruel y me consuelo. Ese día quiero un montón al fauno artrítico de don Pío y al cabezón de Hemingway (que no escribía de proletas, pero sí de tipos duros y perdedores), y quiero otro montón a mi tío Ignacio Aldecoa y a Maqroll el Gaviero y me gustan particularmente los personajes marginales del mejor Bolaño.

Lo peor, es el día que se hunde el colchón y me voy al suelo y me doy cuenta de la chapuza tan grande en la que estoy metido, porque yo soy también una chapuza y vivo rodeado de basura, como un personaje de los cuadros de Max Beckmann o un trozo de pellejo de Lucien Freud. Entonces salgo corriendo a la estantería para coger algo del Bukowski y quedarme tranquilo, o del finísimo Raymond Carver y hasta, si me apuran, de Pedro Juan Gutiérrez o de Fadanelli. Entonces quisiera ser un escritor destruido como ellos y escribir sólo sobre la destrucción. Lo peor es que me gusta esa gente y los otros y los de más allá. He llegado a pensar que el espacio y el aire que lo recorre, está dividido en tendencias y escuelas y modas literarias y que los cuatro puntos cardinales de mi camastro guardan una relación maligna con ese mundo.

Pero lo normal es que me levante por los cuatro costados a la vez, como el pobre Raymond Carver. Al pobre Raymond Carver lo tienen superencasillado en eso del realismo sucio, pero eso no es más que una etiqueta que le ponen los liliputienses del etiquetado porque no lo conocen bien. El pobre Raymond Carver —es un ejemplo oxigenador—, sentía una auténtica pasión por don Antonio Machado y lo leía constantemente y tenía una foto de él al lado de su cama y cuando en medio de la noche se despertaba sobresaltado, decía: ‘No pasa nada, Machado está aquí’. Por eso yo me sigo levantando por los cuatro costados de la cama y vivo en un desorden iconoclasta que me apasiona, y en medio de una mezcla espantosamente maravillosa de todo, y no tengo que pedirle permiso a nadie de nada, y me río como un tonto entre todos los tontos.

Juan Yanes

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Zapatos asomados a la ventana

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 5 enero, 2011

juan yanes

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Zapatos asomados a la ventana.- Todo el mundo sabe que los zapatos son excéntricos y que no tienen patria. Pero éstos que están asomados a la ventana están a punto de ejercer el derecho a la autodeterminación. O están a punto de decir, simplemente, hasta aquí hemos llegado, y dar un paso al frente sobre el abismo. Qué extravagancia. Juan Yanes

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Mi tío Venancio

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 4 enero, 2011

juan yanes

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Mi tío Venancio

Mi tío Venancio se acuesta con redecilla en la cabeza para que no se le estropee el tupé. Mi tío Venancio se pone toneladas de brillantina y fijador en el pelo, «para estar elegante», dice, relajando las vocales hasta el infinito. Mi tío Venancio tiene un pelo negro, cuajado, que le nace a cuatro centímetros de las cejas y que se peina para detrás con una raya impecable a la derecha y que al final cae cortado a lo león sobre el cogote. «Cuello», dice mi tío Venancio, «cogote tiene las gallinas». Mi tío Venancio es un seductor, yo he llegado a contarle hasta seis novias por temporada y a todas les regalaba un corpiño, que no sé lo que es. Mi tío Venancio vive en mi casa conmigo y mis padres, porque no trabaja. Mi tío Venancio es hermano de mi madre. Mi madre está todo el día trabajando. En mi casa también viven los abuelos y las hermanas de mi madre que son tres, pero es como si fueran una. Están todo el día hablando. «El tío Venancio es un chico muy, pero muy especial», dice mi madre que lo quiere un montón. El tío Venancio come como un pajarito y es alto y delgado y siempre lleva chaqueta y tiene una máquina fotográfica Zenit-E, «la mejor máquina del mundo, fabricada por los camaradas de Krasnogorsk». Mi abuelo dice que mi tío Venancio es totalmente prosoviético,  «un caso perdido, no se ha enterado de nada». Mi abuelo es un enterado, dice mi tío Venancio, «un pequeño burgués de Mayo del 68, un diletante». Tan poco sé lo que es «pequeño burgués», «Mayo del 68» y «diletante». Mi tío Venancio está muy enfermo y se lo han llevado al hospital. Vino una ambulancia a buscarlo y lo sacaron en camilla. No dijo nada y tenía la cara afilada, afilada. No llevaba puesta la redecilla del pelo. Mi madre dice que se va a morir y mi abuelo se ha quedado callado.

Juan Yanes 

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Jardín enjaulado

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 3 enero, 2011

juan yanes

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No estoy yo hoy muy calatraveño. Esta obra descomunal me parece un derroche de inutilidad..

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Te arrimaste allí

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 2 enero, 2011

juan yanes

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Te arrimaste allí.- Te fuiste a morir a un zaguán sin luz, para que no te vieran morir en la calle. Buscaste aquella sombra como los animales cuando sienten la proximidad de muerte. Estabas sola. Nadie oyó que dijeras nada. No pediste auxilio. Nada. No dijiste nada, sino que te arrimaste allí. Nunca decías nada. Tu vida es como un paréntesis vacío. Nadie sabe qué es lo que pensabas de la vida, si alguna vez te recorrió el cuerpo alguna pasión, si alguna vez gritaste, lloraste de rabia, huiste de todo. No, parece que no tenías cuerpo, ni voz, ni lágrimas. Nunca ocurrió nada que se saliera de la más absoluta normalidad. Lo sacrificaste todo para que no se notara que vivías. Para hacer como si estuvieras ausente. Para no molestar. Te encontraron arrimada a las sombras, en el suelo, una tarjeta de identidad metida en el bolso, un teléfono. Juan Yanes

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juan yanes

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Alianza de civilizaciones

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 1 enero, 2011

juan yanes

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Alianza de civilizaciones

 Me gusta venir aquí, a Maspalomas, porque conozco gente distinta. Hay dos fósiles sentados frente a mí, comiéndose una copa de helado gigantesca, regada de sirope de frambuesa, que les resbala por la comisura de los labios. Debe estar tan asquerosamente buena que no se percatan de ese detalle, pero ya los churretes de frambuesa les resbalan por la camisa para abajo. Uno de los fósiles tiene, por lo menos, quinientos años y el otro unos cien o doscientos menos. Están totalmente arrugados y la piel completamente roja del sol. Es el mes de diciembre, así que debe hacer un frío mortal allá arriba, y todos estos fósiles artríticos se vienen aquí abajo, a coger sol como desesperados. En realidad, estos dos fósiles enormes que tengo delante de mí, más que fósiles son sacos de papas de dimensiones inconmensurables, llenos de protuberancias. Los dos fósiles son en realidad, armarios. Siguen tomando con fruición la copa inverosímil de helado. Llevan gafas metalizadas como si fueran motoristas y cadenas y anillos de oro de tamaño extra. La indumentaria incluye también sandalias y calcetines, calzones estampados de colores chillones y camisetas de asillas también de colores exóticos que anulan cualquier estímulo visual en varios kilómetros a la redonda. Tienen pinglanillos en los oídos, así que deben llevar guolman o aipod o, a lo mejor, es que son agentes de algún servicio secreto de alguna república ex soviética y están conectados permanentemente con la base, y uno aquí minusvalorándolos. Nunca se sabe. Están contentos, como yo, por estar aquí en uno de estos paraísos artificiales de plástico para turistas, es una maravilla. Conoces a un montón de gente de otros países, como yo ahora con los dos fósiles. Yo también traje el atuendo de turista, solo que llevo calcetines negros con las sandalias porque se me olvidó traer los blancos. No estoy rojo como un centollo, como ellos, porque soy muy precavido y me doy varias capas de crema Nivea: en la calva, el cuello, en los brazos, en el pecho, en la espalda, en fin, en todo el cuerpo. Más bien parezco un muñeco de nieve, en consonancia con uno de los símbolos de estas entrañables fiestas. Mientras les cuento esto, veo que los fósiles, después del helado, han pedido una especie de jarras ciclópeas de cerveza. Todo lo que les he contado hasta aquí, es una especie de prolegómeno o exordio, ahora, con la cerveza, sí que va a empezar el diálogo de civilizaciones, de verdad.

Juan Yanes

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juan yanes

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