El oscuro borde de la luz II (fotos y microrrelatos)

Breve tratado de ateología

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 9 marzo, 2011

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Breve tratado de ateología

«Ese es Dios», decía mi madre señalando una estatua de alabastro que colgaba de la pared de la iglesia. La imagen de Dios como un anciano vestido con una túnica blanca, se compadece mal con la realidad. Dios no tiene cara, es plano como un lienzo. No tiene cabeza, ni manos, ni pies, ni color. Dios solo escruta, pero no tiene mirada. Tiene los ojos vacíos. No está en su naturaleza tener formas o sentimientos humanos. Sería quizá, más poético pensar en él como una máquina vagamente inteligente que huye de la mirada obscena de los humanos y les niega la misteriosa comprensión de lo sagrado. Mi madre insistía, «ese es Dios, hijo, háblale. Él escucha lo que le decimos y ve todo lo que hacemos». Y yo le hablaba, pero nunca respondía. Yo sólo veía su rostro de piedra inexpresivo y su mirada inmóvil. Yo sólo podía sentir miedo de Dios.

Juan Yanes

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Talla en alabastro de Pere Joan, s. XV. Museo Nacional de Arte de Cataluña

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4 comentarios

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  1. virgi said, on 9 marzo, 2011 at 17:50

    Menos mal que algunas madres ya dejaron de creer en esas historias.
    Besitos, es genial visitarte.

  2. Juan Yanes said, on 9 marzo, 2011 at 23:00

    ¿De dónde sacas esos nombres? ¿Del Tesaurus…? Seguro que no, que los sacas de la memoria de la infancia. Yo recuerdo a una de mis abuelas que decía tantas palabras raras que era divertidísimo porque creísmos que se las inventada y que tenía su propia lenguaje. Por ejemplo a los palestinos y libaneses que vendían tela los llama “jarandingos”. Y existe esa palabra en el léxico popular y “jaramandingos”… También ponía nombretes… a unas que pronunciaban una especie de “m” delante de cada frase, ella las llamaba, “monosotras”. Siempre estaba “relingando” cosas y si cuando hacía una visita le regalaban un saquito de papas, decía “más vale venir por aquí que hilar una mazaroca”… Toda esta riqueza se pierde irremisiblemente, qué pena.

  3. Gemma said, on 14 marzo, 2011 at 19:43

    Muy bueno, Juan. Ese contrapunto de la madre tratando de convencer al hijo me ha parecido todo un acierto.
    Abrazos

    • Juan Yanes said, on 15 marzo, 2011 at 1:02

      Recuerdo ir con mi madre, todos los viernes, al Cristo de la La Laguna, una iglesia oscurísima iluminada con velas, las puertas llenas de exvotos horrendos de mutilados. Yo acompañaba a mi madre y ella avanzaba penosamente de rodillas con una vela en la mano, desde el fondo de la iglesia hasta el altar mayor donde estaba aquel Cristo negro, lleno de sangre. “Ese es Dios”, me decía… (Como para morirse, de pena.) Qué había hecho mi madre para hacer esa penitancia… Qué Dios era aquel que hacía arrastrarse a decenas de mujeres por los pasillos del templo… Qué religión tan tétrica, qué barbarie…
      Bueno, Gemma, no sigo. Gracias por lo del contrapunto. Tardé, tardé en encontrar la forma de contar esa pequeña historia… Un abrazo


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