El oscuro borde de la luz II (fotos y microrrelatos)

Teoría del viaje

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 19 marzo, 2011

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Teoría del viaje (microensayo)

Navegar es necesario, vivir no lo es.

………. Hay un viaje. Hay infinitos viajes. Hay nubes viajeras que transitan el espacio, pájaros que cruzan la rosa de los vientos en todas las direcciones. Todos los viajes son a ninguna parte. Todos los viajes son a alguna parte: el viaje germinal de nueve meses en el útero materno; el viaje en el vientre de la ballena que trasporta a Jonás; el viaje en el vientre de un caballo en una ciudad de Asia Menor, cuando pasamos a cuchillo a todos sus moradores… El viaje sigue siendo un territorio de formidables metáforas y mitos. Un espacio simbólico privilegiado.  
………. Para Mali­nowski, los pobres trobriandeses de la Melanesia —sobre los que dijo cosas inconfe­sables en su Diario en el estricto sentido del término—, eran argonautas,  Los argonautas de los mares del Sur. Aquellos humildes viajeros se trasmu­tan en una réplica de los viajeros mitoló­gicos en busca del vellocino de oro.
………. La imagen misma del antropó­logo se asocia invariable­mente al inicio de un viaje. Tristes trópicos, de Lèvi-Straus­s, es la narración de un viaje que comienza en Marsella y se dirige al corazón de la Amazonia. Pero el viaje es también, dice Argullol, «una de las fuen­tes que alimenta al cau­dal simbólico de la experiencia huma­na», algo que «se corresponde con la geo­grafía ilimitada del reino del deseo»: encontrar la tierra prometida que mana leche y miel; encontrar la Isla non trubada a lomos de una ballena en compañía de San Brandán; enloquecer buscando las calles pavimentadas de oro de El Dorado; partir hacia el paraíso de Aztlán donde no hay enfermedades ni muerte; o a buscar las áureas manzanas de la inmortalidad del Jardín de las Espérides…
………. Han desaparecido los viajeros. Hoy sólo existen los turistas y los emigrantes y los desplazados por el odio. Yo camino reducido a la triste condición de turista, vagando por los muros, las ventanas, los tejados y las aceras de Segovia, de Berlín, de Tlaxcala,  de Florencia, de Nantes, de Granada, de Stratford-upon-Avon, de Grândola, de Puebla y por los desportillados balcones de El Malecón habanero. No está claro que el turista viaje. El suyo es, por antonomasia, un viaje inmóvil, estéril, una especie de ejercicio solipsista del que sólo quedan fotos, es decir, instantes sin historia.

Juan Yanes

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3 comentarios

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  1. NáN said, on 21 marzo, 2011 at 12:36

    Había días, pocos, que Policarpio salía de su casa para acercarse al malecón. Solo 200 pasos, bien contados, en la ida y en la vuelta. Pero era tal la majestuosidad de su movimiento, de su inmovilidad ante el mar, que en el pueblo se consideraba feriado ese tiempo, para que todos pudieran verlo y aprender lo que era trasladarse.

    • Juan Yanes said, on 21 marzo, 2011 at 17:56

      Precioso texto, Nán. No sé de quién es, ¿tuyo quizá? Cruzar la calle… ese es un gran viaje. Yo lo tengo estudiado muy bien. Una vez estuve siete años haciendo una etnografía (me parece que Malinowski estuvo 8 con los trobriandeses), para entrar en ese espacio sólo tenía que cruzar la calle y siempre ocurrían cosas, en ese cortísimo viaje de ida y vuelta, que me sorprendían, que me deslumbraban…

  2. Guzman said, on 28 noviembre, 2011 at 19:31

    me ha gustado mucho el microensayo… gracias por comparirlo.


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