El oscuro borde de la luz II (fotos y microrrelatos)

Deambulatorio reculante

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 29 abril, 2011

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Deambulatorio reculante

‘Esa es una ciudad peculiar’, le decía a mi amigo, pero él no se lo creía del todo, y yo insistía. ‘La gente anda hacia atrás, lo que produce un efecto sumamente curioso, porque lo hacen con extrema soltura y con mucha gracia. Es lo mismo que si estuvieras viendo el rebobinado de una película, pero en la sucesión inversa, no empiezan por el final de la cosas, sino que la vida tiene el mismo decurso que para nosotros ¿me entiendes?’. ‘Me resulta extraño’, me respondió. Traté de explicárselo mejor. ‘Tenías que haberlo visto, en serio. Esa forma de andar le da un tono distinto al deambulatorio ciudadano. No van corriendo, como nosotros que vamos estresados. La parsimonia es la virtud ciudadana de los reculantes’. ‘Y los coches ¿también reculan?’, me preguntó. ‘También’, le dije. ‘Llevan unos enorme espejos retrovisores y sus conductores poseen un desarrollo extraordinario de la lateralización cerebral y de la coordinación óculomanual ¿te das cuenta?’. Sí, bueno, me doy cuenta, pero explícame cómo abren las puertas’. ‘Normal, como nosotros’, le respondí, ‘empujando con el culo’. Me dio la impresión de que lo tenía casi convencido de las ventajas del deambulatorio en reculada. ‘Si andásemos para atrás, la vida se simplificaría muchísimo’, añadí. ‘Bueno, bueno’, repuso, ‘pero dime una cosa ¿cómo hace esa gente el amor? ¿de espaldas, también?’. Ahí casi me coge en un renuncio. Al principio me quedé un tanto perplejo, porque yo desconocía el comportamiento sexual de los reculantes… ‘¡Cómo hacen el amor, cómo hacen el amor! Pues como todo el mundo. ¿Te crees que lo tenían fácil los egipcios que andaban de perfil? ¿Pues entonces?’. Pero mi amigo sentenció, ‘¡(Im)posible, (a)normal!’. No sé cómo me lo dijo así, para poder incluir los paréntesis en esa frase. Pero al momento me preguntó, ‘¿Y cómo crees tú que se podría implantar esa forma tan peculiar de andar en nuestra sociedad?’. Entonces yo le dije, ya casi despidiéndome, ‘Nada, olvídate ¡habría que hacer primero la revolución!’ Y nos fuimos reculando cada uno para nuestra casa.

Juan Yanes

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