El oscuro borde de la luz II (fotos y microrrelatos)

Veer

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 3 junio, 2011

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Veer

Yo creo que tiene que ver con el amor, o con el mes en el que estamos. Un flujo incesante de letras sale de tus ojos y se pega en las paredes en forma de carteles, de anuncios, de pintadas. Es como una serpentina de letras que se plasma en las páginas de los libros y en los cuadernos. Como si escribieses con los ojos. Como si los ojos tuvieran tinta y la mirada fuera escribiendo el mundo. Cuando leemos, las palabras vienen de las paredes a nuestros ojos o de las páginas de los libros o de las pantallas del ordenador. Pero esto que te pasa a ti, amor mío, es lo más raro que he visto yo nunca. Es lo contrario de leer. Podríamos llamarlo veer. Porque tú vas poniendo lo que lees. No hay nada escrito, todo es nuevo bajo el sol. Leer y escribir es el mismo acto creador.

Juan Yanes

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De cuando yo era un asesino tortolín

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 3 junio, 2011

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De cuando yo era un asesino tortolín

 Cuando era pequeño, mis amigos y yo éramos asesinos. O matábamos policías o matábamos ladrones. La vida era una pura dicotomía asesina: o indio o vaquero, o blanco o negro, o ruso o norteamericano, o de Pancho Villa o de Porfirio Díaz, o moro o cristiano, o comunista o de la División Azul, o sioux o cheyen. Mis amigos y yo llevábamos navaja en el bolsillo. La navaja no podía tener más de cuatro dedos (de los nuestros) de largo. «Con cinco dedos ya llegas al corazón y lo matas, tortolín», decía el tío Alipio que era el amolador de cuchillos del barrio y que nos afilaba las navajas que parecían escalpelos. El mundo del hampa terminó el día que el tío Alipio contó que para arrancar de cuajo el corazón de una persona, no hacía falta navaja, sino un golpe preciso de jiu-jitsu. Al oír la palabra jiu-jitsu, nuestro ojos se afilaron como los de los chinos. Íbamos a entrar en uno de los misterios más impresionantes de las artes marciales. «El golpe se da con los dedos de la mano ─dijo el tío Alipio que en ese momento tenía también ojos de chino─, manteniendo la palma recta, mirando hacia ti. De abajo hacia arriba, introduciéndola como un sable por la parte inferior izquierdo del esternón y sorteando los pulmones hasta llegar al corazón, que se arranca con un fuerte tirón hacia abajo. Todo a mano». Cuando el tío Alipio terminó de contarnos aquella historia, bajamos la cabeza y nos fuimos a jugar a las muñecas con las niñas, aunque nos llamaran mariquitas. Era más instructivo jugar a los médicos con ellas, que andar por ahí de asesino tortolín.

Juan Yanes

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Esta muñeca es un creación de Lola Suárez

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