El oscuro borde de la luz II (fotos y microrrelatos)

Fragmento de un diario

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 2 julio, 2011

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Fragmento de un diario

Acabo de salir de una clase en la universidad de mayores. El único requisito que deben cumplir los alumnos que asisten, es el de ser mayores de cincuenta años. Los hay de cincuenta, sesenta y setenta. Vienen a la universidad porque no les da la gana de morirse en el sofá de su casa, viendo la basura que les tira a los ojos Tele5. Tienen una idea casi sacrosanta de la cultura… Ay, si estuviéramos en los tiempos de las vanguardias habríamos destruido esa idea, sin piedad. Pero son seres dotados de una enorme mansedumbre, de una enorme curiosidad. Tienen un inusitado interés por el conocimiento y una desmedida voracidad lectora. Ahora leemos en clase,  la autobiografía de don Luís Buñuel, Mi último suspiro, y la comentamos. El curso que doy se llama “Sociedad y cultura en el s. XXI”. La excusa que les he dado para que lean ese libro es que si no entendemos algunos aspectos de la sociedad y la cultura del siglo XX, es imposible entender la del s. XXI que nadie sabe, a ciencia cierta, cómo será. Que, en todo caso, la cultura no se puede dividir por siglos… Les sugiero que el libro sea un pretexto para buscar cosas en todas las direcciones, como si estuviera lleno de hipervínculos: caciquismo y oligarquía, el anarquismo en España, la España rural y el campesinado, la Monarquía y la restauración como régimen constitucional pero no democrático, el significado de la Dictadura de Primo de Rivera, la II República, la guerra de Marruecos y la penúltima aventura colonial española, regeneracionismo novecentista, la guerra civil española, el exilio de los intelectuales, etc, etc, etc. El texto de Buñuel alude a todas esas cosas de forma muy vívida. Hay permanentes alusiones a personalidades de la cultura y a corrientes estéticas y políticas en plena época de las vanguardias: desde el ultraísmo al surrealismo más politizado. Pero es que, además, es un texto divertidísimo, lleno de anécdotas chispeantes y de agudos comentarios… Aquella diablura que tenía pensado él y sus amigos surrealistas en París, de asaltar cines en la sesión matiné y proyectarles a los niños Soeur Vaseline… En fin, Mi último suspiro, es un texto sugerente, que permite perderse en mil direcciones como si fuera un laberinto excéntrico. Pero a ellos no les gusta. A mis alumnos de la universidad de mayores, no les gusta Buñuel. Les parece un gamberro, un provocador, un putañero. No entienden el surrealismo, les cuesta comprender el contexto en el que nace, carecen de las claves históricas, estéticas, políticas en las que se fragua ese fenómeno y en el que se inscribe, les molesta que un viejo cuente sin tapujos los entresijos de su sexualidad. Dicen, “Profesor —me llaman profesor—, nos gustan sus clases por el entusiasmo con que las da, pero Buñuel no nos gusta nada”. Me dejan así sumido en la mayor de las perplejidades, pero yo les proyecté en la siguiente clase Un perro andaluz, y en la siguiente La edad de oro ─me dije, si aguantan ésta, aguantan las demás, y en la siguiente Los olvidados, y en la siguiente Viridiana y en la siguiente iba a proyectarles Tristana y La Vía Láctea, y hubiera seguido así hasta que se rindieran, pero terminó el curso.

Juan Yanes

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