El oscuro borde de la luz II (fotos y microrrelatos)

¡Vivan los novios!

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 19 noviembre, 2011

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¡Vivan los novios!

San Petersburgo. Mañana radiante de sacrificios al Moloc del matrimonio. Ellas con sus faldas a reventar. Los tacones excesivos. El maquillaje. ¿Para qué se maquillan estas valquirias eslavas? El sacerdote, que no se ve, ya ha hecho su trabajo. Ellos, los chicos, están vestidos también para la ocasión. Todo el mundo emperejilado. En los tiempos primordiales hubo que sacrificar parejas y doncellas y hoy, si no fuera por los sacrificios comeríamos piedras. Y las mujeres tendrían piedras en lugar de hijos. Pero todos los ritos son el mismo rito. Continúa la inmolación. Parecen contentos y saben, sin embargo, que hay una estatua con las manos extendidas sobre un brasero de bronce en llamas. Las llamas engullen a los niños que ellos se afanan en hacer. Moloc es insaciable. Sus miembros se contraen como si fueran papel y mantienen la boca abierta con una sonrisa artificial, hasta que el cuerpo contraído se desliza resbalando hasta el fondo. Pero todos parecen estar de fiesta, vestidos con trajes alquilados, bajo un parasol donde puede leerse el arcano: CocaCola.

Juan Yanes

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2 comentarios

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  1. mercadee said, on 28 noviembre, 2011 at 13:15

    En mi opinión Juan José Arreola es un autor de referencia en relación con uno de los temas centrales de la tradición moderna: el de la exploración de los límites de la palabra; un proyecto que tuvo en la poesía seguramente el campo de actuación más representativo a lo largo de la modernidad, pero que, poco a poco, fue trasladándose a otros territorios. Precisamente Arreola fue descubriendo las posibilidades que la minificción ofrecía en esa búsqueda y las potenció magistralmente. Ese juego con los límites redundó en textos que ofrecen a primera vista una difícil adscripción, pero considero que en la mayor parte de ellos se sigue dejando ver la huella del Arreola narrador, incluso en aquellos que adoptan una forma mínima: «Soy un Adán que sueña en el paraíso, pero siempre despierto con las costillas intactas» (Cláusulas, 140). «Más arriba, a la izquierda, tengo algo muy dulce para ti. (Ella se obstinó en el hígado y no supo el corazón de Prometeo)». («Prometeo a su buitre predilecta» Doxografías, 345). ¿Cuántos relatos podríamos contarnos a nosotros mismos a partir de estos dos breves apuntes?

  2. Juan Yanes said, on 5 diciembre, 2011 at 16:01

    Estoy de acuerdo con lo que dices de forma tan culta… lo que no comprendo muy bien es la relación con mi microrrelato y con el tema de la foto….


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