El oscuro borde de la luz II (fotos y microrrelatos)

La puerta, instrucciones de uso

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 25 marzo, 2012


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La puerta, instrucciones de uso

La puerta es un instrumento sonoro —quizá un tanto tosco, es verdad—, de la familia de la percusión, que sirve para dar un portazo cuando alguien sale verdaderamente irritado de su casa por motivos reales o inventados, en los que no vamos a entrar en este ensayo. Empecemos por donde hay que empezar: las puertas sirven para cerrar un espacio, o para abrirlo, para guardar algo o para resguardarlo, para clausurar, para impedir que alguien pase o salga o entre. La puerta es una frontera, una tabla de salvación, una trampa mortal. La puerta es un armazón de madera o hierro (ahora las hacen también de aluminio, pero no podemos considerarlas puertas en sentido estricto, sino una venganza), que, engoznadas en el quicio, aseguradas por el otro lado con llave o cerrojo sirve para controlar la entrada y salida de persona, animales o cosas o ambas tres, dicen más o menos los estólidos de la RAE. Las puertas son pues, de natural polisémico. Casa con dos puertas, ¡hummm!, no tienen buena fama, pero son igual de difíciles de guardar que las que tienen una. La solución consiste en poner en cada una de ellas una taramela, o sea, una tranca trasversal que impida la apertura de la misma en horas intempestivas. Que entren, por ejemplo, en algún momento escatológico… En el mercado existe una cantidad de ofertas muy sofisticadas de seguridad, con anclajes múltiples en el suelo, laterales y techo, bisagras de seguridad, plancha de acero revestida de madera maciza y protector de cilindro. Las hay blindadas, las hay acorazadas, eléctricas, electrónica, conectadas con la CIA, antideflagración, de invierno, de verano… una locura. Así que, pensándolo bien, otra buena solución al problema de las puertas, consiste en entrar en las casas como se entra en los submarinos, por una escotilla practicada en el techo, pero este sistema también tiene su inconvenientes en los que no vamos a entrar ahora por motivos de seguridad… Pero la mejor, la mejor, la mejor de todas las soluciones, para no tener que invertir en sistemas de seguridad, ni recurrir a soluciones estrafalarias, es hacer la revolución social. Para hacer la revolución social se puede leer el Qué hacer de  Lénin o La técnica del golpe de Estado de Curzio Malaparte, o cualquier manual al uso. De tal manera que todo sea de todos y que nadie tenga necesidad de cometer latrocinios ni desmanes, porque se ha instaurado la fraternidad universal y desaparecen automáticamente los delincuentes, los piratas, los narcos, los polis, los jueces, los bucaneros, los registradores de la propiedad, los picapleitos, los archivos secretos, los generales y sus batallitas, los del séptimo de caballería, los gorilas y los gorilatos. Esa pequeña medida que es la revolución social junto a una esmerada educación que forme a la población en el respeto a los demás, en la belleza y en la verdad, evitaría todo el engorro este de las puertas, cuya única función para seguir existiendo sería la evitar las corrientes de aire que tan nefastos efectos tienen en la salud pública: resfriados, catarros, gripes, bronquitis, congestiones, ronqueras, pasmos, carrasperas y demás enfermedades del tracto respiratorio. También sería bueno mantener las puertas para que no se escapen los perros a la calle y los aplasten los coches y los dejen después hechos papilla en medio del asfalto como si fueran enormes trozos de goma de mascar pegadas al suelo o cuadros abstractos o caprichos de la naturaleza.

Juan Yanes

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