El oscuro borde de la luz II (fotos y microrrelatos)

Borges ya no causa tigres

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 17 agosto, 2012

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Borges ya no causa tigres

Y ya que tengo un ilimitado poder, voy a causar un tigre. J.L. Borges

Por culpa de Borges, siempre hay alguien que escribe algo sobre laberintos y pasillos que se reproducen, se replican y se multiplican innumerables veces. O sueños que se sueñan dentro de un sueño. Es un fastidio tener que leer estas cosas, cuando todo el mundo sabe que los laberintos y los sueños son por definición metáforas menores, ya muy gastadas. Por culpa de Borges, hay ciudades que fueron en su día diáfanas y transitables y ahora se han convertido en algo confuso y enmarañado. Multitud de instituciones y poetas han seguido el mismo destino: ayer transparentes y hoy paradigmas de la opacidad.

Yo estaría dispuesto a hablar con alguno de los Borges que todavía vive, estaría dispuesto a hacer las gestiones necesarias para que recibiera a una comisión rogatoria de concejales de cultura, o a un comité de notables —de esos que repiten las mismas conferencias a las siete de la tarde, como él mismo hacía—, para pedirle que deje de fingir y de infringirnos este castigo que son sus hijos e imitadores. Que les dijera simplemente que ya está bien de ‘causar tigres’ y sueños y laberintos, alegremente.

Hoy mismo he tenido que soportar a uno que conozco muy bien, sumido en ese estado laberíntico de enajenación que producen los llamados talleres de escritura, me leyó por la calle lo siguiente: «Había un corredor y al fondo una puerta. La puerta siempre estaba cerrada, pero a través de la cerradura, ella, expiaba el mundo. Un mundo limitado, en el que veía otro corredor que terminaba, a su vez, en otra puerta. La puerta jamás se abrió, pero por la cerradura entraba un haz de luz y sobre él, caminaban sus sueños. Sus sueños conducían a otro pasillo al final del cual se abría otra puerta. Y así a través de la puerta del sueño ella soñaba un pasillo donde estaba Jorge Luís Borges mirándola, ciego».

Querido Sr. Borges, ¡haga usted algo, por favor! Esto empieza a ser realmente insoportable. Prohíba cualquier tipo de laberinto. Usted, es el único que tiene autoridad sobre este tipo de monstruos.

 Juan Yanes

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