El oscuro borde de la luz II (fotos y microrrelatos)

Geoestrategia de la Guindilla, según Antonino Ney

Posted in Sin categoría by Juan Yanes on 30 octubre, 2012

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Geoestrategia de la Guindilla, según Antonino Ney

—Antes de empezar a hablar, me gustaría decir algunas palabras.
—Éramos poco y parió la abuela. No saldremos de quí, hasta mañana.
—No empecemos, no empecemos. Ésta, que aparece en la foto, es un tipo de guindilla conocida con el nombre de “Pimienta de la puta de la madre”. La puta de la madre, como sabes tú, aburrido e hipócrita lector o lectora, mon semblable, mon frère, es un término que está lexicalizado, o sea, emasculado y por lo tanto no tiene que ver con la carga de esa ofensa tan liminar y castiza de mandar a la mamá de cada cual a trabajar a un serrallo.
—Céntrate, Antonino y date cuenta de que estás hablando conmigo y no con ese hipotético y aburrido lector tuyo, —me dice mi amigo Panduro, que conociéndome, también reconoce que le cuesta seguir, cada vez, más el hilo de los sutiles razonamientos previos a la argumentación apodíctica final provenientes de distintas aproximaciones iniciales, que regalo en mis escasas intervenciones públicas.
—No hace falta que me des indicaciones de por dónde estoy, o a dónde voy a parar, o dónde me quedé la última vez que se me fue el santo al cielo. Sé perfectamente lo que quiero decir y el lugar al que quiero llegar. ¿Vale?
—Vale.
—Me gusta el término vale, que lo usan ahora mucho, como muletilla, los modernos, sin saber que es puro latín, ¿vale? Bueno, pues resulta que la última insidia del Ministerio de Interior del Gorilato que nos gobierna al servicio de los intereses espurios de los banqueros nacionales y transnacionales, es decir que “la extrema izquierda” (¡?) (toma revival de ultra derecha del ministro este de las palizas policiales), distribuye entre la gente que asiste a sus manifestaciones ingentes cantidades de pimienta de la puta de la madre. Sí, sí, como oyen, ingenes cantidades. Producto que convierte a las masas en una turba feroz y agresiva.
—¡Caramba, pues no estaría mal que la guindilla deviniera en arma revolucionaria!
—Permíteme un último y definitivo exceso verbal programático, amigo Panduro.
—Sea.
Amics y amigues, ¡Bon cop de falç! ¡Viva la Federación de Repúblicas Ibéricas Libres! !Viva la guindilla revolucionaria! —aquí se le hace un nudo en la garganta a Antonino Ney y no puede seguir con el discurso que, icreíblemente, comenzaba ahora.

Juan Yanes

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