El oscuro borde de la luz II (fotos y microrrelatos)

Bordes primigenios

Posted in Árboles y flores by Juan Yanes on 8 agosto, 2010

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Diletantismos

Bordes primigenios.- En algún momento las cosas empezaron a tener bordes y aristas y formas y contornos y márgenes y filos y todas esas cosas existieron porque alguien pensó en ellas. Seguramente, sin conciencia de la realidad nada puede ser pensando. Tiene que haber alguien que diga el nombre de las cosas. Juan Yanes

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Laureles de Indias

Posted in Árboles y flores by Juan Yanes on 7 agosto, 2010

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Relatos Mínimos

Laureles de Indias

……….Los espesos laureles llenaban, majestuosos, el espacio tibio de la luz del medio día, extendiendo la hermosura de sus brazos de lado a lado de la calle, formando una bóveda vegetal iridiscente.

.……...Íbamos hablando, dejándonos llevar por ese milagro de la geografía botánica de la ciudad que nos permitía estar en medio de la jungla sin dejar de pisar el asfalto. Recuerdo que yo le hice una de esas preguntas insufribles que solo se le puede hacer a los amigos.

……….Estos árboles tortuosos, de piel gris hendida de arrugas, me acompañan desde que era niño. Son mis vecinos, mis próximos, mis confidentes. Siento en el movimiento de sus ramas y en el rumor de sus hojas algo que me resulta difícil de poner en palabras. Una especie de murmullo, de fondo sonoro, de respiración, como si fuera la música de los días de mi vida. Nadie canta, es sólo una melodía arbórea irreal. Mi madre, o quizá mi padre, tan lejano, que viene a rescatarme de algún peligro. 

……….―¿Es desde la infancia desde donde vemos todo, no?― le dije, y seguimos andando bajo la sombra de aquellos lentos paquidermos.

Juan Yanes

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Mandrágora

Posted in Árboles y flores by Juan Yanes on 6 agosto, 2010

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Las plantas que amaba Diego Rivera

Posted in Árboles y flores by Juan Yanes on 4 agosto, 2010

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Diletantismos

Las plantas que amaba Diego Rivera.- Surcos como huellas digitales que discurren paralelos hasta precipitarse sobre los bordes alabeados de las hojas de las plantas que amaba Diego Rivera. Juan Yanes

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Sueño

Posted in Árboles y flores by Juan Yanes on 2 agosto, 2010

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Sueño en blanco y negro, ¿por qué ocupas tú la gama infinita de grises? Juan Yanes

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Cola del dinosaurio que todavía estaba allí

Posted in Árboles y flores by Juan Yanes on 1 agosto, 2010

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Nanoensayos

Todo empezó la mañana en que Augusto Monterroso se sentó eufórico en su mesa de escribir y pensó, ‘voy a llenar de monstruos los microrelatos’. Cogió el lápiz, miró al techo a ver si había alguna mosca vigilando y cuando la que estaba de guardia se despistó, escribió El dinosaurio. A partir de ese momento, los microrelatos se poblaron de dinosaurios de todos los tamaños. Un amigo que vivió mucho tiempo en México, me contó una cena con el autor en la que alguien le preguntó: “Maestro, usted en su famoso cuento del dinosaurio, ¿por qué dice ‘Cuando ella despertó, parece que el dinosaurio todavía estaba allí?”. A lo que el maestro respondió: ‘Hombre, ha convertido usted mi cuento en una novela. Sobra el ‘ella’ y el ‘parece que’. El mío sólo tiene siete palabras y no nueve’. La historia de cómo Augusto Monterroso, al despertar, se convirtió en un dinosaurio, podríamos resumirla, más o menos, así:

Primer Dinosaurio

El dinosaurio.- Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Augusto Monterroso

Después vinieron todos los demás

El dinosaurio.- Cuando despertó, suspiró aliviado: el dinosaurio ya no estaba allí. Pablo Urbany

Los dinosaurios, el dinosaurio.- Cada soñador (¿o habrá que decir durmiente?) tiene su dinosaurio, aunque lo común es que no lo encuentre al despertar. Soñadores impacientes despiertan siempre antes de que sus dinosaurios lleguen y dinosaurios impacientes siempre se van antes de que sus soñadores despierten. Lo admirable del cuento de Monterroso consiste en presentar el único caso en que el tiempo del soñador coincidió con la paciencia de su dinosaurio y la impaciencia de un considerable número de lectores. Raúl Brasca

El dinosaurio educado.- Cuando despertó, el dinosaurio le dijo: “Buenos días”. Fabián Vique

La culta dama.- Le pregunté a la culta dama si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado “El dinosaurio”. —Ah, es una delicia —me respondió—, ya estoy leyéndolo. José de la Colina

Cien.- Al despertar, Augusto Monterroso se había convertido en un dinosaurio. “Te noto mala cara”, le dijo Gregorio Samsa, que también estaba en la cocina’. José María Merino

Otro dinosaurio.- Cuando el dinosaurio despertó, los dioses todavía estaban allí, inventando a la carrera el resto del mundo.Eduardo Berti

Homenaje a Monterroso.- Cuando el tiranosuario rex despertó, el dinosaurio ya no estaba ahí. Grabriel Giménez Eman

Sin título.- Cuando despertó, todavía estaba consigo mismo. Guillermo Samperio

El corrector.- Cuando enmendó, la herrata todavía estaba allí. José Muñoz Vargas

El descarado.- Cuando plagió, el copyright todavía estaba allí. José Muñoz Vargas

El dinosaurio.- El dinosaurio estaba ya hasta las narices. Hipólito G. Navarro

La excepción a la regla.- Cada vez que en un microrrelato aparece la palabra dinosaurio, el lector avisado recuerda: Monterroso; y aunque espero que este sea la excepción a la regla, presiento que ya es tarde. Julio Ricardo Estefan

Monterroseana.- Eres la hembra de mis sueños -le dijo con voz trémula. A ella le saltó el corazón, pero siguió comiendo. Cuando despertó, el dinosaurio estaba allí, solo, cegado por la gran bola de fuego. Era el fin de un período y el comienzo del fútbol. Lilian Elphick

Versión trágica del dinosaurio.- Nunca despertó. C. Cortés Amador

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Visto lo visto, me vi forzado por las circunstancias a escribir algunas parodias del famoso cuento. No son demasiado afortunadas, pero forman parte del rito de iniciación en la microficción. Así que va la primera: ‘Cuando despertó, habían desaparecido todos los dinosaurios de la faz de la tierra. Acababa de estrellarse el gigantesco meteorito que los exterminó’. Ante el riesgo de poner en peligro esta delicada especie (literaria) hice otra, menos apocalíptica: ‘Cuando ella [yo siempre he creído que la persona que se despierta es una mujer] despertó, le dio un beso al dinosaurio, que todavía estaba allí, y se convirtió en un apuesto y gentil Monterroso’. Esta me pareció más amable con el sonrosado padre del género. Y la última parodia del repertorio, para no extenuarlos: “Cuando despertó, vio los ojos de asombro de los niños que miraban fascinados al dinosaurio, que todavía estaba allí’. Augusto Monterroso empezaba a estar un poco cansado de que juguemos a ser Augusto Monterroso. ¿Y los dinosaurios?: ‘Cuando ella despertó, los dinosaurios siguieron durmiendo porque estaban exhaustos’.

 Juan Yanes

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La piel de las plantas

Posted in Árboles y flores by Juan Yanes on 26 julio, 2010

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Diletantismos

La piel.- La piel laberinto, la piel cristal, la piel lienzo transparente, la piel sima epitelial. Él no sabía qué decir y se quedaba sobrecogido por una especie de vértigo. Él amaba la piel de las plantas. Juan Yanes

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Simetría axial

Posted in Árboles y flores by Juan Yanes on 26 julio, 2010

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Diletantismos

Apuntes de estética barata.- Cosas distribuidas de forma simétrica con respecto a un eje, simetría axial. La naturaleza, el cuerpo humano están llenos de este tipo de simetría. Para algunos éste ha sido un rasgo objetivo de belleza que tiene que ver con el universo de la proporción, de las proporciones, del equilibrio. Lo terrible y paradógico es que la desproporción, lo asimétrico, el desequilibrio, también pueden ser bellos. La belleza, entonces, deberá estar a medio camino entre la objetividad y la subjetividad. Juan Yanes

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Esplendor del “verode”

Posted in Árboles y flores by Juan Yanes on 25 julio, 2010

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Para mi amigo Juan García que le gustan las plantas y los bichos de la tierra, del mar y del aire y que le gustan tanto las palabras que hasta sabe griego y alemán. Juan Yanes

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Gorgona

Posted in Árboles y flores by Juan Yanes on 24 julio, 2010

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Relatos mínimos

Gorgona.- Me despierto y veo su cabeza pegada a la mía. Me afeitaré el pelo, me dice con urgencia, me afeitaré por encima de las orejas y con lo que cuelgue del cerebro me haré un bosque de rastas, una gorgona como tú. Entonces morderé a todo el que se acerque con mansedumbre. —Siempre fuiste un joven impulsivo. Pero ahora no, me sigue diciendo al oído, estoy viejo y decrépito, los años han enfriado mi carácter y sólo escupo a la cara de los idiotas. —Ten paciencia, envejeces mal —le dije sin que me escuchara. Me atravesaré la lengua con un fierro y me pondré un narigón en la ternilla de la nariz como si fuera un buey lleno de cólera que arrastran al abismo. —Está bien, —le dije—, pero no te atormentes, borra esa nube negra que cruza tu cara. Quédate quieto junto a mí, si quieres y duerme. Me tatuaré la espalda entera, prosiguió en un susurro, como la tenían tatuada las momias del neolítico, los maoríes, los samoanos. Me tatuaré la cara y los brazos. Seré “un marcado” de Auschwitz, con números y letras, pasto para la muerte. —No sigas. Ya sé que eres distinto, amor. Ámame, pero no me cuentes lo que vas a hacer, ni lo que has hecho —le dije, pero él siguió escupiendo cosas que yo no entendía ni quería escuchar. No necesitaré ornamento alguno, dijo, sino un rito semejante al castigo, una purificación, abluciones, algo que me lave para que puedas leer lo que dice mi cuerpo sobre el que escribo. Hundiré la cabeza en la noche. Esperaré, como las bestias, el rejón que me atraviese de lado a lado. —No me hables más —le dije—, descansa, ahora no. Estás hablando dormido. Eres el oscuro, un sombrío presagio, una nube. Ven, deja que te hinque, suavemente, la azagaya y te muerdan las mil culebras que habitan mi cabeza. Juan Yanes

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Las rosas no existen

Posted in Árboles y flores by Juan Yanes on 21 julio, 2010

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Diletantismos

Las rosas no existen.- Prefiero pensar que las rosas no existen. Son demasiado hermosas, demasiado fotogénicas, demasiado poetizadas, demasiado recurrentes. Pero después las miro y pienso en la desenvoltura con que se suicidan al deshojarse, en la docilidad con que lo hacen y en la discreción con que desaparecen de nuestra vista y no regresan más. Juan Yanes

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Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla

Posted in Árboles y flores by Juan Yanes on 10 marzo, 2010

De Retrato, Antonio Machado

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