El oscuro borde de la luz II (fotos y microrrelatos)

Las abuelas de ‘Las señoritas de Avignon’

Posted in Escultura y pintura by Juan Yanes on 9 agosto, 2010

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Textos robados

 

Cuando descubrí el arte negro, hace cuarenta años, y pinté lo que llaman mi ‘época negra’, fue para oponerme a lo que llamaban ‘belleza’ en los museos. En ese momento, para la mayoría de la gente, una máscara negra no era sino un objeto etnográfico. Cuando fui por primera vez, siguiendo los consejos de Derain, al museo de Trocadero, un olor a moho y de abandono me apretó la garganta. Estaba tan deprimido que hubiera querido marcharme enseguida. Pero me obligué a quedarme, a examinar esas máscaras, todos esos objetos que unos hombres habían ejecutado según un designo sagrado, mágico, para que sirvieran de intermediarios entre ellos y las fuerzas desconocidas, hostiles, que les rodeaban, tratando así de superar su terror dándoles color y forma y entonces comprendí que este es el sendito mismo de la pintura. No es un proceso estético; es una forma de magia que se interpone entre el universo y nosotros, una manera de someter el poder, imponiendo una forma a nuestros terrores como a nuestros deseos. El día que entendí esto, supe que había encontrado mi camino.

Pablo Picasso

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A propósito de la exposición Picasso y la escultura africana. Los orígenes de Las señoritas de Avignon, celebrada en el TEA (Tenerife Espacio de las Artes). Allí me fui el otro día con mi cámara y un trípode… ya había preguntado previamente si podría sacar fotos ¡sin flash! y me dijeron que sí, pero cuando me vieron desplegar el trípode de un bolso que llevaba se empezaron a poner nerviosos. No. El trípode no. Pero ¿puedo sacar fotos? Sí, fotos sí, pero sin trípode… Pero… No hay pero que valga. Resultado, me salieron la fotos todas movidas, poco definidas, un desastre… En estos sitios de provincias, siempre hay algún concejal o algún reyezuelo o algún enano que pone normas por ponerlas, para joder.

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El turista accidental

Posted in Arquitecturas, Escultura y pintura by Juan Yanes on 28 julio, 2010

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Relatos Mínimos

El turista accidental

……….Viajar, viejar, viajar. A él le hubiera gustado viajar. Le hubiera gustado ser un viajero, como los de antes. No un aventurero, no un viajero legendario de esos que iban a ensanchar la geografía a golpe de machete, ni un atleta desquiciado y fanfarrón como Hemingway que atravesaba los continentes para abatir fantásticos animales. No, un viajero modesto, ligero de equipaje, un Paul Bowles, o incluso menos. Alguien capaz de recorrer tranquilamente calles y plazas. Alguien capaz de sentarse a hablar con la gente y quedarse un rato, sin prisa, mirando el paisaje, extasiado, viendo el vertiginoso vuelo de los pájaros. No llevar guías turísticas, ni mapas. Dejarse guiar por la intuición…

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……….Pero, sin saber cómo, ese destino se truncó. Se vio reducido así a la triste condición de turista episódico, sujeto a la compulsión de los paquetes supereconómicos de ocasión de las agencias de viajes y los touroperadores, en periplos organizados y masificados: comida basura, hoteles desastrosos, visitas guiadas, interminables traslados en autobús y siempre rodeado de esa masa ubicua de japoneses con sus mil artilugios fotográficos… Algo lamentable para un mitómano del viaje, para un diletante del camino.

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……….Aquel invierno cruel lo obligarían a visitar Roma, desde la Cloaca Máxima hasta la cárcel Mamertina, a la velocidad del rayo. Cuando llegó a Fiumicino, el cielo era una bóveda gris acerada y al abrirse la puerta automática de cristal que daba al exterior, las cuchillas del aquilón se le incrustaron en el rostro, sin piedad. Le untaron la cara con crema Nivea y lo lanzaron a visitar la Roma Imperial. Hacía un frío que pelaba.

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……….En el Foro Romano le pusieron en las manos un exhaustivo mapa arqueológico del lugar. Vería aquella sucesión ingente de piedras, aquel amasijo de resto de civilizaciones que se pisotearon unas a otras, se destruyeron, se reconstuyeron y se volvieron a aniquilar otra vez, en un ejercicio de furia destructora fuera de lo común, como quien contempla una sucesión vertiginosa de imágenes abstractas. Aquel interminable laberinto de rocas venía explicado con todo género de detalles en un documento adjunto al mapa, en el que había decenas de llamadas con numeritos dentro de un redondel, que se correspondían con el mapa.

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……….Con este instrumental seguía, incansable, las explicaciones de la guía que hacía de cicerone. Ante sus ojos se veía el resultado de aquel formidable desastre en forma de ruinas: columnas rotas, templos semidestruidos en equilibrio inestable, basílicas partidas por la mitad, capiteles hundidos en la tierra que asomaban tímidamente la cabeza, casas de vestales, triglifos, majestuosos arcos conmemorativos, metopas sin cuento, enormes sillares de granito, arquitrabes y una sucesión infinita de nombres propios: Vespasiano, Cástor, Tito, Pólux, Julia, Antonino, Faustina, Majencio, Saturno, Septimo Severo… La guía no paraba de hablar. Hablaba como un autómata. Hablaba a tal velocidad que cuando ella estaba explicando el fulgor de la Fontana de Trevi la gente esta mirando aún las teselas del pavimento de una casa romana del foro imperial, o trataba de identificar, en las alturas, una especie de arco adintelado que coronaban el ábside de un templo del tiempo de los etruscos o del tiempo de Maricastaña…

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……….¿Cómo comprender en dos horas dos mil años de historia? Imposible, así que llegaron al Capitolio, donde recibían honores los vencedores, y contemplaron desde arriba aquel derroche de arquitectura decapitada con el Coliseo al fondo. Fue entonces cuando la guía, exhausta y en cumplimiento de un deber inexcusable, hizo un último gesto con el brazo señalando la cima sur de la colina Capitolina donde estaba ubicada la roca Tarpeya, desde la que los romanos lanzaban al vacío a los condenados por traición durante la República. Entonces, con una dicción perfecta en cinco idiomas, invitó a aquel rebaño de insufribles fotógrafos de ocasión a precipitarse colectivamente en el abismo, lo que hicieron de inmediato, entusiasmados, pensando que era la última atracción del recorrido turístico del día.

Juan Yanes

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Las armaduras celestes de Amadeo Gabino

Posted in Escultura y pintura by Juan Yanes on 24 julio, 2010

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Textos robados

Las dos generaciones de la vanguardia escultórica. La primera corresponde a aquellos que, habiendo nacido a fines del siglo pasado, transformaron teórica y prácticamente su misma, esencialidad, renovaron su lenguaje y abrieron las puertas a una nueva manera de entender lo escultórico. Nos referimos a Julio González, Pablo Gargallo, Alberto Sánchez, Angel Ferrant, Apeles Fenosa, Manolo Hugué y algunos otros que dudaron entre el clasicismo y la renovación formal. La segunda promoción corresponde a esa estela de escultores entre los que se encuentran Oteiza, Chillida, Pablo Serrano Alfaro, Amador, Chirino, Subirachs, Marcel Martí, VilIblia, Frechilla, J. L. Sánchez, Berrocal, Corberó, Feliciano, Amadeo Gabino… Todos ellos nacidos en este siglo y analistas de los lenguajes de su hora y de las posibilidades expresivas de los nuevos materiales y técnicas.  Daniel Giralt-Miracle. El País, 07/04/1977

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El rayo que no cesa

Posted in Escultura y pintura by Juan Yanes on 18 julio, 2010

Esculturas de Calatrava

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Tolerancia

Posted in Escultura y pintura by Juan Yanes on 10 julio, 2010

La tolerancia, es una escultura de Eduardo Chillida, situada en el Muelle de la Sal, Sevilla

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Cuerpos, personas, gente, individuos, prójimos, sujetos, hombres, personajes, mujers, seres humanos, semejantes, tipos

Posted in Escultura y pintura by Juan Yanes on 4 julio, 2010

Antonio López. Autoesculturas del autor y su mujer. Museo Reina Sofía

 

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El imperio cansado

Posted in Escultura y pintura by Juan Yanes on 28 junio, 2010

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Óptica cinética

Posted in Escultura y pintura by Juan Yanes on 27 junio, 2010

Escultura de Eusebio Sempere, Móvil, 1973

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