La posesión del aire
.
La posesión del aire
Me gustan los artefactos inútiles que tienes en tu casa, como la suspensión del juicio que guardas en una oscura gaveta, o el verso de pie quebrado que escondes detrás de los libro de la estantería. Me gusta tu obsesión por lo que aparentemente no sirve para nada: las olas que miras desde la infancia, el silencio de las aceras, el verdor de tu mirada. La colección de telarañas que amontonas debajo de la cama, la caja con tarjetas firmadas por gente desconocida que compraste en el rastro, los soldaditos de plomo cojos y las muñecas tuertas y las bolas de cristal, ¿qué utilidad tienen? Amas todos esos objetos que se pueden tocar y todas esas otras cosas impalpables para dejarte poseer por su inanidad. Extiendes así la posesión de tus dominios hacia todo lo que es insignificante. A mí me cuentas también entre los insectos disecados que coleccionas.
Juan Yanes
.
.
.
.
.
.
.
¡Uf!
.
¡Uf!
Me gusta que llueva porque la gente sale corriendo y dice, ¡uf! La gente se moja la cabeza y le crece un mechón verde de hierba. La gente del mechón verde que se moja la cabeza y sale corriendo, coge un paraguas, lo abre y dice ¡uf! Normalmente los paraguas no se abren a la primera. Es muy raro que un paraguas se abra a la primera, o a la segunda, o a la tercera. Por regla general los paraguas no se abren. Hay una crisis tremenda de paraguas en el país. Entonces la gente dice ¡uf!, y ya no vuelve a llover nunca más.
Juan Yanes
.
.
.
.
.
.
.
Gobierno del palo
.
Gobierno del palo
Si yo tuviera un martillo les iba a dar jarabe de palo a estos panolis del Gobierno para que prueben su propia medicina y sepan lo que vale un peine. Así que ya lo saben, nos defenderemos como gatos panza arriba. Que no está el horno para bollos, que hay mar de fondo, que parece que no se enteran que está siendo peor el remedio que la enfermedad, que estamos hartos de que la cuerda se rompa siempre por el lado más débil y que lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Que dejen quietos parados ahí a los maderos y no abusen de los que piden que no destrocen más la escuela pública.
Juan Yanes
.
.
.
.
.
.
.
.
Contar la arena del desierto
.
Contar la arena del desierto
………. ¿Cómo es de grande la eternidad? La eternidad es inmensa, inabarcable. Es casi imposible imaginarla. Piensa en el tiempo que tardarías en contar las arenas del desierto. Seguramente tendrías que vivir cien vidas para hacerlo. Ese tiempo enorme se parece a la eternidad. ¿Y cuando termine de contar todos los granos de arena del desierto, cuánto tiempo ha pasado de la eternidad? Nada, apenas un segundo. Los hombres somos mortales, por lo tanto finitos. Todo en nuestra vida empieza y termina velozmente. La misma vida humana es apenas un soplo. ¿Y el sufrimiento? El sufrimiento también puede ser eterno. Tu alma puede arder sin consumirse durante ese tiempo infinito de la eternidad.
………. Cada vez que tenía esta conversación con alguno de mis maestros, se me quitaban las ganas de vivir y recuerdo que bajaba la cabeza y me iba andando, angustiado, hasta el filo mismo del horizonte para dejarme caer, vencido.
Juan Yanes
.
.
.
.
.
.
.
Hacer fotos
.
Hacer fotos
Hacer fotos es amar la fragmentación, la segmentación, el fraccionamiento de la realidad. Entrar en la extrema diversidad del mundo, de los mundos posibles e imaginados.
Hacer fotos es mentir. Es contar una historia que puede muy bien no haber ocurrido, ni existir. Hacer fotos es seleccionar un espacio y sacarlo de su contexto temporal, para fabricar una imagen. Nuestra experiencia también es fragmentaria y arbitraria. No somos dios que lo ve todo. No somos esa imposible criatura que está simultáneamente en todos los lugares.
Hacer fotos es una forma de mirar, le gustaba decir a Susan Sontag, una forma de mirar el mundo y la gente que forma parte de ese mundo. Desde las fotos, nos miran millones de personajes que no nos ven… muchas de las cuales ni siquiera existen ya. El instante en que fueron tomadas también ha desaparecido. Las bellísimas rosas que Edward Steichen fotografió en 1914, no existen. Los rostros, los cuerpos espléndidos de las mujeres que posaron para él, han desaparecido. La fotografía es un arte de instantes muertos, de objetos y personas muertas, extrañamente retenidas, congeladas en un presente inmóvil.
Paradójicamente, hacer fotos es también duplicarse, agarrar la vida y las cosas, apropiarse de ellas, compartirlas, congelar una fracción de segundo, testificar, denunciar. Hacer fotos es tocar la belleza extrema y el dolor, poner el objetivo donde nadie lo pondría para proponer visiones insólitas de la realidad.
Hacer fotos es crear mundos, desvelar la realidad y multiplicarla hasta el infinito.
Juan Yanes
.
.
.
.
.
.
.
.
Una manera de mirar
.
Una manera de mirar
No sabemos cómo somos por detrás. Sólo nos vemos por delante: los ojos, la boca, la silueta. Nos reconocemos de perfil, pero no de espaldas. La espalda no existe. A los demás sí los reconocemos por la espalda, pero a nosotros mismos no. No sabemos cómo es nuestro culo, pero sí sabemos cómo es el de los demás. No llegamos a la desfachatez de los perros, pero en líneas generales sí tenemos una idea del culo ajeno. El desconocimiento que tenemos de la mitad posterior de nuestro cuerpo es lamentable. No sabemos cómo es nuestro cuello. No sabemos a qué altura tenemos los Pozos de Venus, si es que sabemos algo de la existencia esas sensuales hendiduras lumbares. Por supuesto, no sabemos nada de nada del hueco poplíteo, pobrecito hueco poplíteo sin nadie que lo conozca y que lo quiera. Para reeducar nuestra la manera de mirarnos, deberíamos llevar incorporado un retrovisor y empezar a mirarnos concienzudamente. Seamos lo que seamos: apolíneos o dionisíacos; pícnico, atlético o leptosomático; mojamas o jamonas (barra es), tenemos la obligación de querernos porque el cuerpo es lo único que tenemos para poder jugar a pensar y amar.
Juan Yanes
.
.
.
.
.
.
.
En medio de la mar océana
.
En medio de la mar océana
—¿Falta mucho para llegar?
—No lo sé.
—¿Ves la orilla?
—No. Sólo veo nubes y agua.
—Entonces estamos en medio de la mar océana, abandonados.
—No lo creo.
—Vamos a morir, tengo la seguridad. Nadie vendrá a por nosotros. Será un sacrificio inútil, una generación desperdiciada.
—No seas tremendista y sigue nadando, esto es sólo el ensayo general y haz el favor de poner más dramatismo en lo que dices. Hay un montón de extras esperando. Haz un esfuerzo, recuerda los años de lucha…
—Ah, lo dices porque sabes perfectamente que las condiciones subjetivas todavía no están maduras y las masas bla, bla, bla, bla. Me pondré a maldecir a los dioses.
Juan Yanes
.
.
.
.
.
.
.
No future
.
No future
— Cuando seamos viejos y estemos muriéndonos de asco, le contaremos a nuestros nietos, que nos contaron nuestros padres, que hubo una vez un paraíso llamado Estado del Bienestar, que era un apaño entre el poder político y el poder financiero para que estuviéramos calladitos y contentos, y les dejáramos hacer sus negocios en paz. Todo eso se acabó, regresamos a la Edad de Piedra.
Juan Yanes
.
.
.
.
.
.
.
Jazz
.
Jazz
La música cae desde el aire. Dejo que me moje el vestido y la cara. El tiempo es incierto, quizá llueva, así que me acerco y tiro tres monedas de oro al aire para que siga su concierto de notas por encima de las nubes y no se le ocurra marcharse, con sus bellísimas rastas, a lomos del arco iris. Ella dice que la mejor forma de escuchar música es con los ojos cerrados. El músico negro toca su saxo tenor con los ojos cerrados. Me apoyo en la pared y los cierro yo también. Entonces el mundo desaparece, sólo la sensualidad de la melodía, como si todo fuera música y la baranda del puente fuera música y la calle y sus manos esquivas y su boca ausente.
Juan Yanes
.
.
.
.
.
.
.
.
Marcianos
.
Marcianos
Hola, qué tal, soy un marciano. Pues mira por dónde yo también soy otro marciano, así que ya somos dos. Caramba, pues no había visto yo nunca un marciano así, tan raro. Es que me acaban de hacer una reforma laboral los panolis del gobierno y me han transustanciado, abducido y convertido en un coprófago. Ah, entonces sí. Y por qué habéis puesto a unos panolis en el gobierno si tengo entendido que sociológicamente este país es de izquierdas. Joder el marciano, eres más feo que Picio con esos ojos como tubos, pero más listo que el repelente niño Vicente. Bueno, si me lo permites y para no romper la magia de este encuentro, esa historia te la cuento otro día porque es tristísima, ¿vale?
Juan Yanes
.
.
.
.
.
.
.
Rosa
.
Rosa
O Rose, thou art sick. W. Blake
Pensó en Rosa, ‘contradicción pura, placer de no ser dueño de nadie debajo de tantos párpados’ y, encendido el deseo, le pidió que se desnudara. Ella, sin decir nada, se fue quitando la ropa con apacible docilidad, mientras la habitación se llenaba de fragancias frutales. Con extrema lentitud siguió desvistiéndose, dejando la ropa a sus pies como si se desprendiera de fragmentos de su propio cuerpo. Ya, totalmente desnuda, se desvaneció. Entonces, él pensó con el poeta, ‘una sola rosa es todas las rosas’, nada más. Pero era imposible, ahora, restituir su prístino destino.
Juan Yanes
.
.
.
.
.
.
.
La cinta de Moebius
.
La cinta de Moebius
Me gustaría llegar. ¿Llegar a dónde? Llegar a algún sitio. Este camino no lleva a ningún sitio, es un camino que termina en sí mismo, se comba. Eso no puede ser, todos los caminos llevan a alguna parte o llevan a otro camino que llega a algún lado. Eso era antes de que Moebius inventara esta superficie de una sola cara y un solo borde en el que vivimos. ¿Y ahora? Ahora los caminos sólo sirven para andar hasta el infinito. ¿Y la muerte? ¿La muerte? Esto es la muerte.
Juan Yanes
.
.
.
.
.
.
.
El narrador omnisciente
.
El narrador omnisciente
El narrador o la narradora omnisciente tiene que tener la cabeza muy grande para que le quepa todo. Nadie sabe lo que piensa el narrador omnisciente y sin embargo él sabe lo que pensamos nosotros, sus personajes. Puede inquirir el dédalo de las insidias y las infinitas razones que mueven nuestros actos. Conoce nuestros deseos. Mete su mano en nuestro corazón y lo exprime. Conoce toda nuestra historia y la historia de nuestros antepasados. Sabe lo que estamos pensando, tiene acceso a nuestros recuerdos, puede mirar a través de nuestros ojos y lo mismo puede hacer con nuestros interlocutores. Su poder es absoluto. Es señor de horca y cuchillo. En cualquier momento correrá el nudo de la soga que ha colocado alrededor de mi cuello, porque también sabe que lo estoy dejando en mal lugar.
Juan Yanes
.
.
.
.
.
.
.
Adios al maestro Antoni Tàpies
.
Adiós al maestro Antoni Tàpies
Adiós al maestro de la abstracción sin concesiones. Adiós al maestro que hizo un arte contra la Dictadura. Adiós al maestro poeta comprometido social y políticamente. Adiós al maestro de la pintura más radical de la posguerra. Adiós al maestro que pensó y repensó la pintura. Adiós al maestro que escribió y reescribió el arte. Adiós al maestro del misticismo telúrico de la materia. Adiós al maestro que pintó el dolor y la tragedia de la condición humana.
Juan Yanes
.
.
.
.
.
.
.
La espera
.
La espera
………. Pasa un cartero con su carrito amarillo repartiendo la correspondencia. No es él. Pasa uno con pinta de epistemólogo en paro. No es él. Pasa un dandi con fular de seda y anillo en el dedo meñique. Tampoco es él. Pasa el ciego que vende cupones en la esquina. No es él. Pasa un señor con bigotito. No es él. Pasa el cachas que reparte las bombonas de butano. No es él. Pasa un oficinista con manguitos a tomarse el café. No es él. Pasa uno que vende la primitiva con mucha ansiedad porque tiene que chutarse. No es él. Pasan dos currelas de la eléctrica con un escalera. No son ellos. Pasa uno del gobierno con dos escoltas de paisano. No es ninguno de los tres. Pasa un viejo dando saltitos como un gorrión. No es él. Pasa un guardia municipal haciéndose el chulo. No es él. Pasa un tipo haciendo footing. No es él Pasan siete chinos cargando unos paquetes inverosímiles. No es ninguno de ellos. Pasa un estudiante con auriculares y los pelos de punta engominados. No es él. Pasa el dueño de la tienda de comestibles, con su barrigón y su puro en la boca. No es él. Pasa un señor normal (¿qué es un señor normal?), con traje gris y calva incipiente. No es él. Pasa, a continucación, un alopécico absoluto que tampoco es él. Pasa un músico ambulante. No es él.
………. Él no pasa. Él es el Príncipe Azul. Ella espera al Príncipe Azul. Ella es una tontuela fatua que debería haberse marchado conmigo que pasé por delante de ella, varias veces, con mi máquina fotográfica haciendome el interesante, y ni me miró.
Juan Yanes
.
.
.
.
.
.
.
¡Guau, guau!
.
¡Guau, guau!
Estaba yo releyendo, ensimismado, las Fábulas literarias en verso castellano, de don Tomás de Iriarte, cuando me veo rodeado de esforzados bichos morigeradores, regeneracionistas, ilustrados, profusamente didácticos y hasta subversivos, diría yo… hermosos. Cada uno con su ruido peculiar, el onomatopéyico guau, guau de dos chuchos y el majestuoso trino de la dulce filomena. Como si de un coro celestial se tratara, aquellas fábulas mezclaban en el aire el croar de las ranas o el crascitar de los cuervos, ¡la rebambaramba, el cultísimo nombre del ruido de los cuervos! Por aquí, delicados rebuznos. Por allá, apremiantes relinchos, ladridos varios, dulces mugidos, irresistibles gorjeos, zureos, jijeos, ronroneos, titeos, cuchichís, bramidos, silbidos, grajeos, trisados, berridos, graznidos, maullidos, cloqueos, rugidos, chirridos, garlidos, piopíos, ¡qué se yo! ¡Imagínense! Te quedas epatado, sobre todo si eres ecologista de pedigrí, como el menda. Agucé el oído y pude escuchar, en medio de aquella algarabía, balidos enternecedores, trinos sonoros, abrasadores arrullos, insinuantes hipidos… cantos en fin. ¡Hostias, me dije, esto es la Arcadia y yo soy el buen salvaje! El mundo ha cambiado por arte de birlibirloque, ¡Salut, bois couronnés d’un reste de verdure!, dije yo citando a Lamartine para impresionar a don Tomás que me miraba entusiasmado desde el fondo de todas las fábulas.
Juan Yanes
.
.
.
.
.
.
.
A la calle que ya es hora
.
.
A la calle que ya es hora
Todos los informes gubernamentales y los de las angencias como el FMI lo único que dicen es que el futuro es negro y que hay que intensificar las políticas de austeridad. “Políticas de austeridad”, es un eufemismo para decir que hay que flexibilizar el empleo (otro eufemismo), congelar o reducir salarios y pensiones, reducir gastos sociales… Pero lo que está cada vez más claro es que el sistema económico no funciona y lo que hay que hacer es tirarlo a la basura y con él tirar a la basura los partidos políticos que lo defienden, desde la derecha porque en ello le va la bolsa y la vida, hasta todas las estúpidas socialdemocracias y socialista de café que lo mantienen. Sin una fuertísima presión social, será imposible mandarlos a casa a freir chuchangas.
Juan Yanes
.
.
.
.
.
.
.
.
Mandrágora
.
Mandrágora
Planta a la cual se atribuían virtudes mágica por tener las raíces una figura parecidoa al humana. Con este nombre se conocía también el fantasma de un diablo, como hombrecillo negro, sin barba y con los cabellos despeinados y esparcidos. Es una imagen del alma, en su aspecto negativo y minimizado, en la mentalidad primitiva.
Juan Eduardo Cirlot
(Diccionario de Símbolos, Ediciones Siruela, Madrid, 1997, pág. 303)
.
.
.
.
.
.
.
Longa noite de pedra
.
Longa noite de pedra
O teito é de pedra. De pedra son os muros i as tebras. De pedra o chan i as reixas. As portas, as cadeas, o aire, as fenestras, as olladas, son de pedra. Os corazós dos homes que ao lonxe espreitan, feitos están tamén de pedra. I eu, morrendo nesta longa noite de pedra.
Celso Emilio Ferreiro
.
.
.
.
.
.
.
La dama del perrito
.
La dama del perrito
………. Antes te buscaba yo por todos los balnearios y en todas las estaciones de aguas termales de media Europa, desde Yalta a la isla de Rügen. Me dejaba seducir por aquel decadente paisaje de cortinas, jardines, arcos y salones de mármol. Ibas vestida de blanco con lánguidos trajes de falda larga de chiffón, espléndida. Eras una diosa adicta a la talasoterapia, a la hidroterapia, y a no sé cuántas terapias más. Pero que no eras Anna Serguevna, sino una impostora, y que tu perrito blanco no era un lulú de Pomerania, me di cuenta cuando te vi paseando cerca de mi casa, por el Puente Serrador, en pantalones vaqueros de lo más vulgar. Acababa yo de ver, en ese momento, una magnífica película de Nikita Mikhalkov en un video casero. Pasaste y no me dijiste ni adiós.
Juan Yanes
.
.
.
.
.
.
.
El libro
.
El libro
Hacer la apología del libro es una desmesura. El libro, objeto luminoso y obscuro, encierra paisajes infinitos y todas las calidades de la grandeza y la miseria de los seres humanos, como es sabido. Querido y odiado, nosotros lo conocemos bien pues es vecino de nuestro infancia y de nuestra vida diaria como “trabajadores del conocimiento” en bibliotecas, escuelas, institutos y universidades. Cuando hojeamos sus páginas porosas de papel o nos movemos con el “ratón” sobre las hojas líquidas del ordenador, sabemos que estamos tocando un objeto arcaico y remoto, o sabemos que estamos manipulando todo el fetichismo y la magia de un objeto futurista e ilimitado. El libro ha sido y es objeto sagrado en todas las mitologías, palabra revelada por toda suerte de divinidades locuaces y complacientes que permiten a los humanos escribir su pensamiento y su palabra ¡Ah, las religiones del libro! Pero también es un instrumento diabólico, objeto de persecución, censurado en los índices, destinado de las llamas por las dictaduras y por el pensamiento dogmático. El libro es para los ilustrados un instrumento de liberación de la razón humana, un instrumento para combatir las tinieblas de la ignorancia. Sobre él ha recaído numerosas profecías. Unas prevén su desaparición, otras su transmutación en impulso lumínicos sobre una pantalla de plasma, para renacer así, sin haber muerto, nuevamente como milagro electrónico, multiplicando su complejidad y sus posibilidades en una lectura interminable y gozosa.
Juan Yanes
Esto lo escribí en 1996 para unas Jornadas sobre Lectura y Bibliotecas.
.
.
.
.
.
.
.
Cielos y cielos
.
Cielos y cielos
¿Por qué el cielo de los musulmanes tiene huríes bellísimas y el de los cristianos consiste en una actividad sedentaria, especulativa, metafísica como la contemplación? No es justo, no señor.
Juan Yanes
.
.
.
.
.
.
.
Esperpento
.
.
Esperpento
Esta Cosa, esta Madrastra, este País de todas las Españas, este Ruedo Ibérico es hoy un esperpento donde la vida se refleja, deformada, en los cristales cóncavos del Callejón del Gato. Pero ¿es que alguna vez ha dejado de serlo?
J.Y
.
.
.
.
.
.
.
“Huesitos”
.
.
“Huesitos”
Juan Yanes
………. Cómo es posible que después de más de 60 años, todavía haya gente haciéndose la terrible pregunta: ¿dónde están los restos de mi padre, de mi abuelo, de mis tíos? Este no es un país normal. En Argentina, en Uruguay, en Chile, mal que bien, han sabido enfrentarse a la recuperación de la memoria. Pero España no. España sigue con las cunetas sembradas de cadáveres de la Guerra Civil y de la represión posterior. Y encima, vivimos el bochorno de que el único juez que ha intentado abrir las fosas, es juzgado como un delincuente.
………. Juan Gelman ha escrito sobrecogedores poemas acerca de los desaparecidos de su país. Tiene uno, absolutamente estremecedor sobre el asesinato de un hombre que se llama “juan”. “Juan” son todos los asesinados por las dictaduras. El poema se titula “Final” y aparece en su libro, Gotán. Dice así:
Ha muerto un hombre y están juntando su sangre en cucharitas,
querido juan, has muerto finalmente.
De nada te valieron tus pedazos
mojados en ternura.
Cómo ha sido posible
que te fueras por un agujerito
y nadie haya ponido el dedo
para que te quedaras.
Se habrá comido toda la rabia del mundo
por antes de morir
y después se quedaba triste triste
apoyado en sus huesos.
Ya te abajaron, hermanito,
la tierra está temblando de ti.
Vigilemos a ver dónde brotan sus manos
empujadas por su rabia inmortal.
.
.
.
.
.
.
.
La baranda
.
La baranda
Ella está apoyada en la baranda, recordando. Los recuerdos son voces que te llaman. Los recuerdos fluyen como la corriente del río que tiene enfrente. En ocasiones los recuerdos se agolpan y discurren de forma tumultuosa. Ella trata de domesticarlos, ahora pasan de manera cadenciosa. Los paseos, los larguísimos paseos cogidos de la mano. Los larguísimos paseos con el sol cogidos de la mano. Los larguísimos paseos con la lluvia cogidos de la mano. Los paseos sin su mano, sin sol, sin lluvia. El olvido de los paseos. Solo el sabor del limo la reconcilia con los ahogados del tiempo que se ve fluir desde la baranda como el agua que pasa. Las voces se han callado, se ha convertido en burbujas de aire y un silencio oscuro ocupa el recuerdo. Nada se mueve ya, sino los vegetales brazos de las plantas acuáticas que la abrazan.
Juan Yanes
.
.
.
.
.
.
.
Atardecer
.
Atardecer
Ellos andan por el cauce de los días, pero se encuentran ya en ese tránsito incierto del amor a la piedad vencidos por el peso del aire. Son criaturas vulnerables que esperan apaciblemente el final de la tarde. No deberías preguntarles nada, como si quisieras recibir de sus labios sabios consejos frente a las arteras mañas que despliega impúdico el tiempo. Ellos también han sido torpes y egoístas, y no han amado la vida de manera desinteresada y generosa. Están hechos de los mismo temores que nosotros.
Juan Yanes
.
.
.
.
.
.
.
.














































deja un comentario